Carlos Gabriel Plenazio
Gabriel varón gay enfermero
Se cierra la mortaja como cerraron mi boca,
el ataúd esta frio y me rodean los deudos,
me duele la humedad de las mejillas de aquellos,
que con un beso en la frente, despiden mis restos.
Las flores perfuman distinto la alcoba,
y el rezo por mi alma, se vuelve murmullo,
la luz se hace tenue, sufrida y lastimosa
y los niños juegan sin saber que he muerto.
La velada es triste, alto el desconsuelo,
se consumen el llanto, terminan las horas,
la tumba me espera, oscura y silenciosa,
para el reposo eterno de jugosos huesos.
El cortejo llora
y la tierra abraza, el lustroso féretro.
el ataúd esta frio y me rodean los deudos,
me duele la humedad de las mejillas de aquellos,
que con un beso en la frente, despiden mis restos.
Las flores perfuman distinto la alcoba,
y el rezo por mi alma, se vuelve murmullo,
la luz se hace tenue, sufrida y lastimosa
y los niños juegan sin saber que he muerto.
La velada es triste, alto el desconsuelo,
se consumen el llanto, terminan las horas,
la tumba me espera, oscura y silenciosa,
para el reposo eterno de jugosos huesos.
El cortejo llora
y la tierra abraza, el lustroso féretro.
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