jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Vivo en un planeta llamado Soledad
donde el único habitante soy yo
un ser extraño y marginal
que vive a base de alcohol
Un planeta sumido en la penumbra
sin mujeres ni dioses ni esperanza
y donde la Historia no registra
sino mi simple ociosidad
Un triste planeta
del tamaño de un cuchitril:
el horizonte es el refrigerador
y las estrellas se reducen
a una bombilla de 60 watts
colgada de un clavo en la pared
Todos los días me levanto tarde
recorro cien veces mi planeta
me tiro de vuelta en la cama
siento la Nada Cósmica envolviéndome
y un retortijón en las tripas
es mi transbordador espacial
La Vía Lactea queda al otro lado del pasillo
bajando un corto tramo de escaleras y doblando a la derecha
y la calle es un mundo Oscuro y Siniestro
poblado por monstruos y criaturas alienígenas
que esperan el autobús
leyendo el periódico o sorbiendo helados
Esquivo como puedo los rayos gamma de sus miradas
y apunto el rumbo hacia los confines de la Galaxia
con destino al cafetín de la esquina
donde mato las tardes escribiendo poesía
y tomando un café que viene de La Tierra
donde el único habitante soy yo
un ser extraño y marginal
que vive a base de alcohol
Un planeta sumido en la penumbra
sin mujeres ni dioses ni esperanza
y donde la Historia no registra
sino mi simple ociosidad
Un triste planeta
del tamaño de un cuchitril:
el horizonte es el refrigerador
y las estrellas se reducen
a una bombilla de 60 watts
colgada de un clavo en la pared
Todos los días me levanto tarde
recorro cien veces mi planeta
me tiro de vuelta en la cama
siento la Nada Cósmica envolviéndome
y un retortijón en las tripas
es mi transbordador espacial
La Vía Lactea queda al otro lado del pasillo
bajando un corto tramo de escaleras y doblando a la derecha
y la calle es un mundo Oscuro y Siniestro
poblado por monstruos y criaturas alienígenas
que esperan el autobús
leyendo el periódico o sorbiendo helados
Esquivo como puedo los rayos gamma de sus miradas
y apunto el rumbo hacia los confines de la Galaxia
con destino al cafetín de la esquina
donde mato las tardes escribiendo poesía
y tomando un café que viene de La Tierra