Del raso cielo azul se desprende la roca granítica del tiempo,mientras el astro rey la contempla cómo cae en tierra con un estampido descomunal.Es entonces,cuando el griterío de las almas impolutas de los árboles se deja escuchar en el diáfano mediodía.Tal portento sobrenatural ha dejado en la sagrada piel de la madre naturaleza un socavón difícil de curar.Pero la piedad del Altísimo es grande.Se estremece el firmamento ante la alada llegada de nubes grises,cargadas de linfa beatífica que descargar.Y así,escondiendo al sol en la penumbra de su sombra renovadora,el aguacero llena el agujero malsano para hacer de éste un estanque de murmuraciones celestes donde naden los cisnes de albor plumaje.