Canta la lluvia
sobre la baranda.
La vigilia se despereza,
el beso se disuelve con el agua
los ojos no ven,
no se abren,
la noche golpea la ventana.
El tiempo es lento,
no hay reloj en el cuarto,
y es la luz que se cuela por la persiana
la que me orienta en las horas no exactas.
Una quietud que se acaricia
rodea la casa.
La gran muralla
nos silencia el ambiente
de noche y de día.
Unas veces el silencio mece,
otras, es tan serio,
como las lascas de la peña,
se mete en la cabeza y canta
con un tono agudo,
como una sirena que grita.
El silencio cuando lo oigo
esta muy dentro,
me duele su sonido agudo,
se clava en mi,
me arrastra hacia atrás.
El sonido me acuna la vida,
el sonido me dice que estoy viva
sobre la baranda.
La vigilia se despereza,
el beso se disuelve con el agua
los ojos no ven,
no se abren,
la noche golpea la ventana.
El tiempo es lento,
no hay reloj en el cuarto,
y es la luz que se cuela por la persiana
la que me orienta en las horas no exactas.
Una quietud que se acaricia
rodea la casa.
La gran muralla
nos silencia el ambiente
de noche y de día.
Unas veces el silencio mece,
otras, es tan serio,
como las lascas de la peña,
se mete en la cabeza y canta
con un tono agudo,
como una sirena que grita.
El silencio cuando lo oigo
esta muy dentro,
me duele su sonido agudo,
se clava en mi,
me arrastra hacia atrás.
El sonido me acuna la vida,
el sonido me dice que estoy viva