El Poeta del Asfalto
Poeta adicto al portal
Alguien dijo:
Obrera de la tormenta será la nube.
Y de entonces,
mandó llover de ves en cuando.
Para reverdecer lo verde,
olvidar el paragüas,
y tener de que hablar con el portero.
Es un barrial la esquina,
de lágrimas cristalinas que en su caída,
de calle se fueron ensuciando.
Como nosotros a lo largo de la vida.
Se acumula la lluvia,
para que tomen agua las palomas,
y jueguen los pibes en los charcos.
Se acumuló también, con el tiempo,
el cariño que les tengo.
Ojalá que sean más libres que nosotros,
que ya somos bastante más que nuestros viejos.
Oigo a una madre que se queja,
y me acuerdo de la mía.
Tratando de inculcarme el paraguas,
y el cuidarse los pulmones.
Deja que te moje esa lluvia lenta.
Es deseo, no consejo
Tenle paciencia a las gotas
que reverdecen la esperanza.
Deja que trabajen.
Mientras te dejo el aliento en este canto.
Para tí,
Obrera gris de la tormenta.
Volveme cada tanto a la sombra.
A sentir en el viento el olor de la lluvia viniendo,
guarecidos bajo un techo.
Juntos.
A la espera del aguacero.
El trueno quebrando el cielo.
La centella haciendo un pozo en su caída
Llevame de nuevo a escuchar en el pasto,
la vieja lluvia querida caer con sus cristales finos.
La necesaria función de la tormenta,
por la que no se paga entrada.
Y es,
aún,
el mejor espectáculo de la tierra.
"Fué por una lluvia que realmente moje."
El Indio Solari
Obrera de la tormenta será la nube.
Y de entonces,
mandó llover de ves en cuando.
Para reverdecer lo verde,
olvidar el paragüas,
y tener de que hablar con el portero.
Es un barrial la esquina,
de lágrimas cristalinas que en su caída,
de calle se fueron ensuciando.
Como nosotros a lo largo de la vida.
Se acumula la lluvia,
para que tomen agua las palomas,
y jueguen los pibes en los charcos.
Se acumuló también, con el tiempo,
el cariño que les tengo.
Ojalá que sean más libres que nosotros,
que ya somos bastante más que nuestros viejos.
Oigo a una madre que se queja,
y me acuerdo de la mía.
Tratando de inculcarme el paraguas,
y el cuidarse los pulmones.
Deja que te moje esa lluvia lenta.
Es deseo, no consejo
Tenle paciencia a las gotas
que reverdecen la esperanza.
Deja que trabajen.
Mientras te dejo el aliento en este canto.
Para tí,
Obrera gris de la tormenta.
Volveme cada tanto a la sombra.
A sentir en el viento el olor de la lluvia viniendo,
guarecidos bajo un techo.
Juntos.
A la espera del aguacero.
El trueno quebrando el cielo.
La centella haciendo un pozo en su caída
Llevame de nuevo a escuchar en el pasto,
la vieja lluvia querida caer con sus cristales finos.
La necesaria función de la tormenta,
por la que no se paga entrada.
Y es,
aún,
el mejor espectáculo de la tierra.
"Fué por una lluvia que realmente moje."
El Indio Solari