AgioNIMO
NEMO
Trizó en la casa el panel de vidrio
en el techo de un corazón bordado.
Piedra que cayó y quebró el cielo,
a la vista que tenía a su querida estrella.
(Si bien se encontraba distante
su plenitud difuminaba el alcance)
Al no poder verla en su techo de vidrio,
asomó la mirada por la ventana,
y desnudó unos hilos de alivio
que le trajeron su luz a la sala.
A los pocos días después,
una bruma de nubes a su casa empañó,
y nevó congelando toda bisagra
dejándola fría y sin huella de ella.
Ante esto el corazón se desborda,
el raigambre se desnuda del pecho,
en descubierto pone su espalda
y borda en cada rincón de su casa…
cada esperanza de volver a mirarla.
(¡Ay! mi luna... ¡Que tú no eres de nadie!)
en el techo de un corazón bordado.
Piedra que cayó y quebró el cielo,
a la vista que tenía a su querida estrella.
(Si bien se encontraba distante
su plenitud difuminaba el alcance)
Al no poder verla en su techo de vidrio,
asomó la mirada por la ventana,
y desnudó unos hilos de alivio
que le trajeron su luz a la sala.
A los pocos días después,
una bruma de nubes a su casa empañó,
y nevó congelando toda bisagra
dejándola fría y sin huella de ella.
Ante esto el corazón se desborda,
el raigambre se desnuda del pecho,
en descubierto pone su espalda
y borda en cada rincón de su casa…
cada esperanza de volver a mirarla.
(¡Ay! mi luna... ¡Que tú no eres de nadie!)