El toldo gris se echó en tu cielo
y me quitó, muy lentamente,
la luz fuerte que salta en mi adentro.
Alguien corre pesadamente las cuerdas,
tan despacio,
que la noche le sorprende en esa labor diaria,
pero a veces el sol penetra entre sus boquetes
y con fuerza azota su gris vela
como brisa ligera que empuja
a un barquito sin que nadie se oponga
a su guía a ciegas.
Y cuando esto ocurre
mi alma no se asoma a la ventana,
se esconde entre la blancura de unas hojas
y se cuenta cuentos de olores,
de fuegos que arden con fuerza,
enciende un brasero con cisco negro de recuerdos
y se sienta serena
para traer toda la fuerza de su canto de sirena
y plasmarlo, amargo o dulce,
según venga,
mecerse con la nana de los sueños
y dormirse en el calor de unos brazos de madera
hasta que la luz la despierte,
la luz que lleva dentro.
y me quitó, muy lentamente,
la luz fuerte que salta en mi adentro.
Alguien corre pesadamente las cuerdas,
tan despacio,
que la noche le sorprende en esa labor diaria,
pero a veces el sol penetra entre sus boquetes
y con fuerza azota su gris vela
como brisa ligera que empuja
a un barquito sin que nadie se oponga
a su guía a ciegas.
Y cuando esto ocurre
mi alma no se asoma a la ventana,
se esconde entre la blancura de unas hojas
y se cuenta cuentos de olores,
de fuegos que arden con fuerza,
enciende un brasero con cisco negro de recuerdos
y se sienta serena
para traer toda la fuerza de su canto de sirena
y plasmarlo, amargo o dulce,
según venga,
mecerse con la nana de los sueños
y dormirse en el calor de unos brazos de madera
hasta que la luz la despierte,
la luz que lleva dentro.