Años sentado aguardando a la espera
Observándolo y cautivándolo con cada segundo
Fue risas, fue tomada de pelo, fue irritación comunal
En cada paso se preguntaban,
¿Por qué un tornillo en su baldosa?
Por cada suspiro, por cada idea
El tornillo terminó siendo encogimiento de hombros
Absorbiendo cada mirada insensata,
El tornillo decidió ser paz
No hubo alma capaz de no sentirlo
Ni ojos existentes con el poder de esquivarlo
Por la noche lo resguardaba bajo mis inquietudes,
Y por el día lo materializaba en libertad
Lo guardo, lo saco, la irritación, la calma
Respondiendo en nombre de su reflejo
Mi bolsillo lo resguarda y lo promulga
Sus hilos lo reciben y lo acogen
La calma sólo fluye en mí, cuando mi palma lo percibe
Corrompiendo y congelando la aguja de mi muñeca izquierda
Fabricando aquella idea que aún no comprendo
Una interminable y oscura reprobación
Es entonces cuando vuelvo a oír pasos
Mi bolsillo vuelve a implorarlo
Y mi consciencia retoma la confusión
La duda, la incógnita insoluble
El vaivén de verdades y mentiras,
¿Quién sos, tornillo querido?