mariano dupont
Poeta fiel al portal
El viejo cazador del mar,
prdida su mirada en el tiempo,
se apoya en la dura roca
redondeada por el agua terca,
sin poder evitar
del salpicar de las olas
el reclamo a su conciencia.
El reflejo desconsolado de sus ojos,
empañado por sal y sangre
de todos los mares,
busca en el horizonte,
el obsesivo perfil de antaño
de una ballena saltando.
Pero ya no hay
nadando en los confines,
entre nubes de peces iluminados,
cetáceos azules,
ni cachalotes cantando.
Cruzan arrugas petrificadas
por la piel oscura
en las mejillas saladas
del matador de ballenas.
Las tajadas de su alma solitaria,
muertas de angustia, lo culpan.
Las ballenas ya no están,
y se siente horrorizado.
Tiene conciencia
y repudia,
a los que lo usaron.
Agua salada
de todos los mares,
mojaron esos labios rígidos,
que nunca sonrien.
Contemplaron la majestad,
de las enormes azules,
y se cerraron ante soles
de todos los rumbos,
esos ojos profundos,
que nunca lloran.
En alguna dimensión escucha,
su fantasía atormentada,
cual si fueran sirenas
que lo atraen,
el ultimo cantar de las ballenas.
Sin perder la dignidad
se interna en el mar
hasta hundirse,
el viejo marinero,
y su conciemcia de la mano.
Con su alma destruida
se va del mundo,
desapareciendo en el océano,
el ultimo arponero.
ADOLFO
prdida su mirada en el tiempo,
se apoya en la dura roca
redondeada por el agua terca,
sin poder evitar
del salpicar de las olas
el reclamo a su conciencia.
El reflejo desconsolado de sus ojos,
empañado por sal y sangre
de todos los mares,
busca en el horizonte,
el obsesivo perfil de antaño
de una ballena saltando.
Pero ya no hay
nadando en los confines,
entre nubes de peces iluminados,
cetáceos azules,
ni cachalotes cantando.
Cruzan arrugas petrificadas
por la piel oscura
en las mejillas saladas
del matador de ballenas.
Las tajadas de su alma solitaria,
muertas de angustia, lo culpan.
Las ballenas ya no están,
y se siente horrorizado.
Tiene conciencia
y repudia,
a los que lo usaron.
Agua salada
de todos los mares,
mojaron esos labios rígidos,
que nunca sonrien.
Contemplaron la majestad,
de las enormes azules,
y se cerraron ante soles
de todos los rumbos,
esos ojos profundos,
que nunca lloran.
En alguna dimensión escucha,
su fantasía atormentada,
cual si fueran sirenas
que lo atraen,
el ultimo cantar de las ballenas.
Sin perder la dignidad
se interna en el mar
hasta hundirse,
el viejo marinero,
y su conciemcia de la mano.
Con su alma destruida
se va del mundo,
desapareciendo en el océano,
el ultimo arponero.
ADOLFO