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El último paraíso

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EL ÚLTIMO PARAÍSO



Arrancado fui de las praderas aromadas por cantuesos

mi hueco fue cegado con despojos y estéril arena

Fui abierto a la noche ciega noche sin estrellas

y con mis dedos como garras acaricié el frío helor de tu vientre.



Vagabundo en tierra extraña traté de reconocer las piedras

y los zarzales hirientes que albergan las alimañas

Noches sin luna ni estrellas eran sudario y frazada

olvidé los amaneceres jubilosos y mis ojos se volvieron ciegos.



Apenas las caricias pasajeras de mis manos como zarpas

pudieron escribir sobre tu piel mi último poema

Tú sonreías sabiéndote más poderosa

como vestal que habría de inmolarme sin veneno ni puñal.



De aquel hueco que dejé cegado ya por los escombros

emergen con la tozudez de lo eterno los gusanos blancos de la muerte

Ciegos como yo como yo te acarician blandamente

Alguno arrastra su flor marchita la caléndula o amapola

que será inmolada para el búcaro de tu ofrenda.



Antiguos los sacrificios que mantienen viva mi presencia agonizante

aguardo con sumisión el momento de ser llamado

Tus brillos cegarán mi última mirada que no verá al verdugo

Ambrosía será tu veneno caricia el golpe definitivo.



 
EL ÚLTIMO PARAÍSO



Arrancado fui de las praderas aromadas por cantuesos

mi hueco fue cegado con despojos y estéril arena

Fui abierto a la noche ciega noche sin estrellas

y con mis dedos como garras acaricié el frío helor de tu vientre.



Vagabundo en tierra extraña traté de reconocer las piedras

y los zarzales hirientes que albergan las alimañas

Noches sin luna ni estrellas eran sudario y frazada

olvidé los amaneceres jubilosos y mis ojos se volvieron ciegos.



Apenas las caricias pasajeras de mis manos como zarpas

pudieron escribir sobre tu piel mi último poema

Tú sonreías sabiéndote más poderosa

como vestal que habría de inmolarme sin veneno ni puñal.



De aquel hueco que dejé cegado ya por los escombros

emergen con la tozudez de lo eterno los gusanos blancos de la muerte

Ciegos como yo como yo te acarician blandamente

Alguno arrastra su flor marchita la caléndula o amapola

que será inmolada para el búcaro de tu ofrenda.



Antiguos los sacrificios que mantienen viva mi presencia agonizante

aguardo con sumisión el momento de ser llamado

Tus brillos cegarán mi última mirada que no verá al verdugo

Ambrosía será tu veneno caricia el golpe definitivo.


Hermoso y triste poema en el que me solazo encontrando un rico vocabulario que no es frecuente encontrar y eso embellece su decir. Un placer leerle. Luciana.
 

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