Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa

Rechinó en la vieja cancela mi llave;
con agrio ruïdo abrióse la puerta
del hierro mohoso y, al cerrarse grave,
golpeó el silencio de la tarde muerta.
(A. Machado, "Fue una tarde clara")
Caminé mis huellas por el valle oscuro
anudando el céfiro viento al triste canto
mientras ensombrecen los cirros su manto
y el espliego duerme bajo su conjuro.
Crótalos de auroras romperán el muro
que entorpece el viaje hacia aquel enclave
donde no se ignora lo que el alma sabe,
lo que siempre grita desde la quebrada.
Y al torcer del tiempo, llegando a su entrada,
rechinó en la vieja cancela mi llave.
Traspasé la verja forjada en luceros,
su verdín marchito lloraba rocío,
supe que mi sombra perdí en el umbrío
al sentir mis pasos marchando ligeros.
Tras de mí desfilan brumosos eneros
racimando lustros sobre los que inserta,
tornadizos credos de una paz desierta
que esperó paciente dar su bienvenida...
y al fin en su marco, con la cruz rendida,
con agrio ruïdo abrióse la puerta.
En aquella estancia vívido se acuna
el ensueño virgen del dolor que azoga,
párvulo dormita, libre de la soga
que los años trenzan sin excusa alguna.
Deslindé los pulsos de esa ajada luna
que de olvido baña mi combado estrave,
con la vela izada partirá la nave
mientras por la borda tiro las razones
a tantos errores. Clausuré portones
del hierro mohoso y, al cerrarse grave
el último de ellos, sentiré tal vez
que contengo penas en un firme dique,
sin que al cielo implore, sin que a Dios suplique
porque me prorrogue tanta insensatez.
Bajo el poemario yace parte y juez,
una vida anónima de un soñar despierta,
una voz dormida que esclava y liberta,
del postrero verso hizo su techumbre
mientras el ocaso, sobre parca cumbre,
golpeó el silencio de la tarde muerta.