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El Viaje

Andeco

Poeta recién llegado
Me regalo el amarillo que sucede a las paredes de una casa cualquiera,
penetrante color de maíz y trigo, de sol que gira y palabra tibia…
Girasoles en las calles, sobre mis pasos que ya no descienden, avanzando silenciosos al nombre de Dios, ese que no se pronuncia despierto ni muerto;
del infierno vengo, de tus lagrimas de arcilla gris, de tus manos amplias de cuerpos, de tu rostro a medias, de tus besos al espejo, de los otros besos, del escalofrío líquido y la espesa oruga de mis orígenes, ahora, y para mí, perdidos.
Llego de estar muriendo, de perderme, de partirme, saltarme y disgregarme;
retorno después de tanto y tantos, hoy es tan clara mi ruta.
Me resulta curioso ver desde aquí a todos, tan juntos, respirando el aliento del otro, metidos cada uno en un segundo esqueleto. Aquella tarde traviesa, tan presente en mí ahora, me recuerda que ya llego, que pronto estaré: no vivo, no muerto, ni triste ni contento…
Pronto arribo, ya casi veo la zarza ardiente, ahora entiendo por qué sonríe de entre las islas ella, la única y ninguna.
Todo y nada, eso dejé y ahora es lo que llevo, navego con el viento y al mismo tiempo dialogo con el trueno…
Es desde aquí, desde un cuarto oscuro, con las ventanas sucias y rejas estrechas, el techo de piedra cayendo, carente de alas, y con los ojos bien cerrados que empiezo a entender porque hay que llorar de pie, el amor, tu carta, el eco, las palabras, los silencios, ahora comprendo el descuido divino en mí, mis latidos, los abrazos, el mar y el beso que en algún lugar me está esperando, lo mismo al bien que al mal,
El Aleph, mi esencia.
por ahora seré un siempre, en ti el todo y en tus alas mis ojos.
 
Me regalo el amarillo que sucede a las paredes de una casa cualquiera,
penetrante color de maíz y trigo, de sol que gira y palabra tibia…
Girasoles en las calles, sobre mis pasos que ya no descienden, avanzando silenciosos al nombre de Dios, ese que no se pronuncia despierto ni muerto;
del infierno vengo, de tus lagrimas de arcilla gris, de tus manos amplias de cuerpos, de tu rostro a medias, de tus besos al espejo, de los otros besos, del escalofrío líquido y la espesa oruga de mis orígenes, ahora, y para mí, perdidos.
Llego de estar muriendo, de perderme, de partirme, saltarme y disgregarme;
retorno después de tanto y tantos, hoy es tan clara mi ruta.
Me resulta curioso ver desde aquí a todos, tan juntos, respirando el aliento del otro, metidos cada uno en un segundo esqueleto. Aquella tarde traviesa, tan presente en mí ahora, me recuerda que ya llego, que pronto estaré: no vivo, no muerto, ni triste ni contento…
Pronto arribo, ya casi veo la zarza ardiente, ahora entiendo por qué sonríe de entre las islas ella, la única y ninguna.
Todo y nada, eso dejé y ahora es lo que llevo, navego con el viento y al mismo tiempo dialogo con el trueno…
Es desde aquí, desde un cuarto oscuro, con las ventanas sucias y rejas estrechas, el techo de piedra cayendo, carente de alas, y con los ojos bien cerrados que empiezo a entender porque hay que llorar de pie, el amor, tu carta, el eco, las palabras, los silencios, ahora comprendo el descuido divino en mí, mis latidos, los abrazos, el mar y el beso que en algún lugar me está esperando, lo mismo al bien que al mal,
El Aleph, mi esencia.
por ahora seré un siempre, en ti el todo y en tus alas mis ojos.


Excelente poema. Metáforas, imágenes, fluidez espléndidas.
Dejo mis cinco estrellas y para ti, un abrazo,:::hug:::
 
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