the.jester
Poeta recién llegado
EL VOCABLO
(08/09/16)
El ocaso da a luz a otra noche,
tiemblan cuatro párpados,
procurando no derramar dolor,
duele una garganta que no puede gritar,
está degollada,
duele un oído que anhela escuchar,
pero solo conoce un idioma
en el que no existe la palabra “estoy”.
El ocaso da a luz a otra noche,
arden cinco dedos,
empuñando veneno, empuñando ira,
humanidad, fragilidad,
hay carne desnuda,
goteando sangre negra sobre un trozo de papel,
goteando sangre púrpura sobre el piso de un bar,
la derrota se queja por no haberse rendido a tiempo,
la derrota se queja y gime, y llora,
y desgarra la carne en el hueso.
El ocaso da a luz a otra noche
y mis oídos duelen,
porque no escuchan la palabra que anhelan,
por eso vine aquí,
para hacerme presa de cazadores,
por eso estoy aquí
intentando vender la mejor sonrisa que puedo fingir,
aquí estoy para el mundo,
aquí, para el sucio,
aquí, para el viejo,
para el joven, para el limpio
estoy
para el primer cazador que la pronuncie,
la palabra “estoy”,
en cualquier idioma que mi oído entienda,
estoy,
aunque sea en un susurro…
estoy.
El ocaso da a luz a otra noche,
cuatro párpados caen derrotados,
ya no hay sonrisa para vender,
hay llanto para ocultar,
el miedo escupe carcajadas en mi cara
y me siento solo, vulnerablemente solo,
y no quiero estar solo,
pero me da miedo,
temo que alguien llegue y me mire,
me da pánico, que vean mi derrota, mi carne, desnuda,
mi egoísmo me da asco,
mi drama me repugna,
parece que quisiera dar lástima,
me duele la presencia ajena
y ese dolor se llama vergüenza,
y vergüenza siento,
y vergüenza bebo,
y vergüenza lloro,
y vergüenza
doy.
El ocaso da a luz a otra noche
y solo quiero un vocablo,
una sola palabra
pero de tus labios,
y me he equivocado,
mis oídos no lo oyen,
pero mis ojos lo ven,
de tus dedos
el vocablo.
Un “estoy” en una pantalla táctil,
me has rescatado.
(08/09/16)
El ocaso da a luz a otra noche,
tiemblan cuatro párpados,
procurando no derramar dolor,
duele una garganta que no puede gritar,
está degollada,
duele un oído que anhela escuchar,
pero solo conoce un idioma
en el que no existe la palabra “estoy”.
El ocaso da a luz a otra noche,
arden cinco dedos,
empuñando veneno, empuñando ira,
humanidad, fragilidad,
hay carne desnuda,
goteando sangre negra sobre un trozo de papel,
goteando sangre púrpura sobre el piso de un bar,
la derrota se queja por no haberse rendido a tiempo,
la derrota se queja y gime, y llora,
y desgarra la carne en el hueso.
El ocaso da a luz a otra noche
y mis oídos duelen,
porque no escuchan la palabra que anhelan,
por eso vine aquí,
para hacerme presa de cazadores,
por eso estoy aquí
intentando vender la mejor sonrisa que puedo fingir,
aquí estoy para el mundo,
aquí, para el sucio,
aquí, para el viejo,
para el joven, para el limpio
estoy
para el primer cazador que la pronuncie,
la palabra “estoy”,
en cualquier idioma que mi oído entienda,
estoy,
aunque sea en un susurro…
estoy.
El ocaso da a luz a otra noche,
cuatro párpados caen derrotados,
ya no hay sonrisa para vender,
hay llanto para ocultar,
el miedo escupe carcajadas en mi cara
y me siento solo, vulnerablemente solo,
y no quiero estar solo,
pero me da miedo,
temo que alguien llegue y me mire,
me da pánico, que vean mi derrota, mi carne, desnuda,
mi egoísmo me da asco,
mi drama me repugna,
parece que quisiera dar lástima,
me duele la presencia ajena
y ese dolor se llama vergüenza,
y vergüenza siento,
y vergüenza bebo,
y vergüenza lloro,
y vergüenza
doy.
El ocaso da a luz a otra noche
y solo quiero un vocablo,
una sola palabra
pero de tus labios,
y me he equivocado,
mis oídos no lo oyen,
pero mis ojos lo ven,
de tus dedos
el vocablo.
Un “estoy” en una pantalla táctil,
me has rescatado.