Rigel Amenofis
Poeta que considera el portal su segunda casa
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"Cantando espero a la muerte
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas”
Miguel Hernández
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas”
Miguel Hernández
I
No soportaron tu canto
y quisieron asesinar tu palabra
incrementando la leyenda
con cada golpe y cada bala.
La voz de Miguel Hernández
resonó fuerte en tu garganta
llevando al pueblo canciones
afirmando bien la esperanza.
Tu vida y cuna sencillas
son eco grandioso de tu pueblo,
la nación latinoamericana que amaste
y hoy venera tu recuerdo.
La intuición de tus últimas coplas
percibe la asechanza de la muerte;
empero quisiste ser puntal de fuego
que apaga tu existencia y tu inmortalidad enciende,
llegó del Norte con su discurso de libertad y vida
asesinando anhelos y hombres inermes.
Árbol de tanto optimismo
naciste en medio del sol.
El que quemó tus alas al volar
no apagará el fuego de los pobres.
Desde el sepulcro homicida
tu corazón oye brotar la primavera,
sigues cantando a los andamios
para alcanzar las estrellas
II
La noche que la vida borra cicatrices
Un vapor viscoso todo lo corroe
y nada es casual ni amoroso
por eso llueven estas notas de relámpago
y truena la tierra precediendo al terremoto.
No se de donde vienen estos versos;
o si tú guías la pluma en mis manos;
o si el dolor por tu tortura y crimen
hace a mis dedos aletear en el papel,
para decir que soy sembrador de sueños
con tormentas y volcanes en el alma
dejadas por la exasperación.
Borra cicatrices la vida, para abrir barrancos
que ya nunca se cierran,
ni con el bálsamo de un soneto;
menos aún con pétalos de rosas,
ni con paletadas de tierra de cementerio.
Surcos donde el asesino dejó una semilla
de huesos, sangre y lamentos
que tal vez alguna vez florecerá
con su fruto amargo, amargo, amargo...
Cuando mi memoria solo tenga
algunos esbozos de dibujo en el recuerdo
Y en mis emplazamientos amados
tropiecen remembranzas y espectros.
Los niños dirán: Alguna vez esas sombras
fueron esperanzas y aquella nube violeta
que se encamina hacia el silencio eterno,
tenemos el presentimiento que era un poeta.
¡Que triste destino el de la palabra,
solo poder pronunciar la a de todo el abecedario
que son nuestros sentimientos!
A veces nada más es una coma o un punto
del discurso que encerrado se queda en el pecho.
Ya la noche esta borrando las cicatrices
Que han dejado los asesinos de pueblos.
¡Bah!, mañana el sol las dibujara de nuevo
y nuevos poetas hablaran de ellas
con una voz de ceniza y estiércol.
¿De qué otra manera se puede hablar
de los asesinos de niños y de pueblos?
¿De qué otra forma se pueden mencionar
los nombres Pinochet, Hitler, Cesar, Alejandro?
¿Qué otro talante es propicio para decir
Bush, Ríos Mont, Videla, Somoza...?
III
Que tu canto llene el orbe con sus notas.
Canta tu manifiesto poeta, canta Victor Jara.
Si no lo callaron con los golpes y las balas
Que lleve a todos los pueblos la esperanza.
Tú, como Miguel, caminas al lado
del pueblo. Te encierran o proscriben,
como a tus versos. Insensatos, ¿acaso pueden
encerrar la verdad de tus sueños?
Que chisporroteando desde tu tormento
dispersaron los vientos del pueblo;
desde los andes hasta la nieve de los Polos,
desde la Quiriquina hacia el mundo entero.
Te recuerdo, Victor Jara, hermano,
con tus versos lo iluminas todo;
pues el canto es una paloma surcando
el tiempo hacia la estrella de la esperanza.
No soportaron tu canto
y quisieron asesinar tu palabra
incrementando la leyenda
con cada golpe y cada bala.
La voz de Miguel Hernández
resonó fuerte en tu garganta
llevando al pueblo canciones
afirmando bien la esperanza.
Tu vida y cuna sencillas
son eco grandioso de tu pueblo,
la nación latinoamericana que amaste
y hoy venera tu recuerdo.
La intuición de tus últimas coplas
percibe la asechanza de la muerte;
empero quisiste ser puntal de fuego
que apaga tu existencia y tu inmortalidad enciende,
llegó del Norte con su discurso de libertad y vida
asesinando anhelos y hombres inermes.
Árbol de tanto optimismo
naciste en medio del sol.
El que quemó tus alas al volar
no apagará el fuego de los pobres.
Desde el sepulcro homicida
tu corazón oye brotar la primavera,
sigues cantando a los andamios
para alcanzar las estrellas
II
La noche que la vida borra cicatrices
Un vapor viscoso todo lo corroe
y nada es casual ni amoroso
por eso llueven estas notas de relámpago
y truena la tierra precediendo al terremoto.
No se de donde vienen estos versos;
o si tú guías la pluma en mis manos;
o si el dolor por tu tortura y crimen
hace a mis dedos aletear en el papel,
para decir que soy sembrador de sueños
con tormentas y volcanes en el alma
dejadas por la exasperación.
Borra cicatrices la vida, para abrir barrancos
que ya nunca se cierran,
ni con el bálsamo de un soneto;
menos aún con pétalos de rosas,
ni con paletadas de tierra de cementerio.
Surcos donde el asesino dejó una semilla
de huesos, sangre y lamentos
que tal vez alguna vez florecerá
con su fruto amargo, amargo, amargo...
Cuando mi memoria solo tenga
algunos esbozos de dibujo en el recuerdo
Y en mis emplazamientos amados
tropiecen remembranzas y espectros.
Los niños dirán: Alguna vez esas sombras
fueron esperanzas y aquella nube violeta
que se encamina hacia el silencio eterno,
tenemos el presentimiento que era un poeta.
¡Que triste destino el de la palabra,
solo poder pronunciar la a de todo el abecedario
que son nuestros sentimientos!
A veces nada más es una coma o un punto
del discurso que encerrado se queda en el pecho.
Ya la noche esta borrando las cicatrices
Que han dejado los asesinos de pueblos.
¡Bah!, mañana el sol las dibujara de nuevo
y nuevos poetas hablaran de ellas
con una voz de ceniza y estiércol.
¿De qué otra manera se puede hablar
de los asesinos de niños y de pueblos?
¿De qué otra forma se pueden mencionar
los nombres Pinochet, Hitler, Cesar, Alejandro?
¿Qué otro talante es propicio para decir
Bush, Ríos Mont, Videla, Somoza...?
III
Que tu canto llene el orbe con sus notas.
Canta tu manifiesto poeta, canta Victor Jara.
Si no lo callaron con los golpes y las balas
Que lleve a todos los pueblos la esperanza.
Tú, como Miguel, caminas al lado
del pueblo. Te encierran o proscriben,
como a tus versos. Insensatos, ¿acaso pueden
encerrar la verdad de tus sueños?
Que chisporroteando desde tu tormento
dispersaron los vientos del pueblo;
desde los andes hasta la nieve de los Polos,
desde la Quiriquina hacia el mundo entero.
Te recuerdo, Victor Jara, hermano,
con tus versos lo iluminas todo;
pues el canto es una paloma surcando
el tiempo hacia la estrella de la esperanza.
nota: los versos en cursiva son tomados
de las canciones de Victor Jara.
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