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Elegía a mis manos

Julio Serrano Castillejos

Poeta recién llegado
ELEGÍA A MIS MANOS


Manos, mis temblorosas y delicadas manos,
curtidas por el viento,
a veces tercas y también traviesas,
teñidas por el sol
como espigas fugaces de mi aliento.

Que fueran con sus dedos desiguales
el ábaco nocturno
para contar de niño las estrellas
en este mundo absurdo
donde el cero corona decimales.

Ayer tan candorosas
en juegos prodigiosos y hechiceros
que en días infantiles
preñadas de pureza siempre fueron
el sol de mis perfiles.

De jóvenes, candentes en los cielos
de cien hermosas niñas
que dieran a mis días el pensamiento
bruñido por los ecos
de una franca y sonora carcajada.

Manos de mi juventud pomposa
y de una cuita inquieta,
surgidas a la luz de la distancia
con sorna indefinible
como fantasmal nave marinera.

Amapolas y luces encontradas
en calles del destino.
Sellaron su rubor en los cristales
con huellas perceptibles
en las ventanas de risueñas novias
de aquellos mis abriles.

Oh, manos caprichosas
que en la humedad opaca de los tiempos
-y antes de crecer-
sintieron el alud de los caminos
y calmaron de mi sed el sentimiento.

Son la forja de mi estirpe, tan humana,
audaces, como siempre,
que en la escuela blandieron pegajosas
la pluma, el tintero
y el sainetee conspicuo de las horas.

Con sus diez dedos fueron caprichosas
deidades trashumantes,
a veces tan cerca del infierno
y en otras ocasiones
lleváronme también a los altares.

Manos, a la pasión recién nacidas
en las sombras del placer,
las siento tan ajenas y tan mías
como fueran las voces que encendieron
la lámpara del día.

Ayer, con ellas desposé a mi esposa
en tierras tropicales
y luego pude acariciar mejillas,
primero de mis hijos
y luego de mis nietos lisonjeros.
¡Oh! Manos abismales.

Jamás supieron de la furia ni el espanto
mis manos, mis enjundiosas manos,
así pecaminosas…
que fueran el apoyo de mis padres
en su infalible camino hacia la fosa.

Mis manos, nunca despiadadas
y herramientas de mis años idos,
acariciaron frentes
y de mi amada sus párpados dormidos
de azul de primavera.

¿Irán mis manos un día muy temblorosas
y posiblemente huecas
a blandir la flamígera espada,
o serenas y yertas
implorarán de Dios una mirada?

Estas manos que me dio la vida,
escudo de mis ojos,
cortarán del monte los abrojos
tal vez como tizona
cuando ilumine el sol de mi partida.

Manos, fuentes de placeres,
y ceremoniosas cumbres de mi vida,
cruzadas en mi pecho
abrazarán mi esqueleto ya dormido,
huesudas, descarnadas...
y también resucitadas en la nada.

Julio Serrano Castillejos
 
Última edición:
Margarita:

Eres una gentil amiga. Agradezco tu opinión a mi poema y esas frases formuladas
para reconocer la enorme utilidad que nos prestan las manos, tan olvidadas
en el campo de la poesía en donde generalmente se llevan todos los halagos, el
corazón, la boca y los ojos. Te abrazo fraternalmente desde Chiapas, México.
 
ps es un poema lleno de versos plasmados en el arte de pintar
la letra en tu modo esencial en la poesia magica me a gustado leerte
te dejo mis saludos
 
ELEGÍA A MIS MANOS

Manos, mis temblorosas y delicadas manos,
curtidas por el viento,
a veces tercas y también traviesas,
teñidas por el sol
como espigas fugaces de mi aliento.

Que fueran con sus dedos desiguales
el ábaco nocturno
para contar de niño las estrellas
en este mundo absurdo
donde el cero corona decimales.

De jóvenes, candentes en los juegos
de cien hermosas niñas
que dieran a mis días el pensamiento
bruñido por los ecos
de una franca y sonora carcajada.

Manos de mi juventud pomposa
y de una cuita inquieta,
surgidas a la luz de la distancia
con sorna indefinible
como fantasmal nave marinera.

Amapolas y luces encontradas
en calles del destino,
sellaron su rubor en los cristales
con huellas perceptibles
en las ventanas de risueñas novias
de aquellos mis abriles.

Oh, manos caprichosas
que en la humedad opaca de los tiempos
-y antes de crecer-
sintieron el alud de los caminos
y calmaron de mi sed el sentimiento.

Son la forja de mi estirpe, tan humana,
audaces, como siempre,
que en la escuela blandieron pegajosas
la pluma, el tintero
y el sainetee conspicuo de las horas.

Ayer, con ellas desposé a mi esposa
en tierras tropicales
y luego pude acariciar mejillas,
primero de mis hijos
y luego de mis nietos lisonjeros.
¡Oh! Manos abismales.

Nunca supieron de la furia ni el espanto
mis manos, mis enjundiosas manos,
así pecaminosas…
que fueran el apoyo de mis padres
en su infalible camino hacia la fosa.

Mis manos, nunca despiadadas
y herramientas de mis años idos,
acariciaron frentes
y de mi amada sus párpados dormidos
de azul de primavera.

¿Irán mis manos un día muy temblorosas
y posiblemente huecas
a blandir la despiadada espada,
o serenas y yertas
implorarán de Dios una mirada?

Estas manos que me dio la vida,
escudo de mis ojos,
cortarán del monte los abrojos
tal vez como tizona
cuando ilumine el sol de mi partida.

Manos, fuentes de placeres,
y ceremoniosas cumbres de mi vida,
cruzadas en mi pecho
abrazarán mi esqueleto ya dormido,
huesudas, descarnadas...
y también resucitadas en la nada.


Julio Serrano Castillejos


Poema excelso, absolutamente bello!!!!!
 
AMIGO SINUHÉ:

Todos los poetas somos aficionados hecha excepción de dos o tres
que han vivido de esto. Yo escribo poesías, ensayos y cuentos desde
la escuela secundaria. En la escuela Nacional Preparatoria obtuve un
honroso primer lugar en un concurso con una décima denominada "A una
estrella" en el año de 1953. El presidente del jurado lo fue el célebre
maestro Erasmo Castellanos Quinto, considerado el Primer Cervantista
de América.

Ejercí el diarismo 20 años, soy abogado (magistrado) y el quince de
diciembre de 2006 presenté mi poemario "De mi lira interior" con 91
títulos ante una audiencia de mas de 300 personas en el Museo de
la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; está por publicarse la edición de
mi poemario "Con la piel desnuda" aproximadamente con 105 poemas.
Recibe mi agradecido abrazo por la buena opinión que generosamente
externas: J u l i o .
 
Última edición:
ELEGÍA A MIS MANOS


Manos, mis temblorosas y delicadas manos,
curtidas por el viento,
a veces tercas y también traviesas,
teñidas por el sol
como espigas fugaces de mi aliento.

Que fueran con sus dedos desiguales
el ábaco nocturno
para contar de niño las estrellas
en este mundo absurdo
donde el cero corona decimales.

Ayer tan candorosas
en juegos prodigiosos y hechiceros
que en días infantiles
preñadas de pureza siempre fueron
el sol de mis perfiles.

De jóvenes, candentes en los cielos
de cien hermosas niñas
que dieran a mis días el pensamiento
bruñido por los ecos
de una franca y sonora carcajada.

Manos de mi juventud pomposa
y de una cuita inquieta,
surgidas a la luz de la distancia
con sorna indefinible
como fantasmal nave marinera.

Amapolas y luces encontradas
en calles del destino.
Sellaron su rubor en los cristales
con huellas perceptibles
en las ventanas de risueñas novias
de aquellos mis abriles.

Oh, manos caprichosas
que en la humedad opaca de los tiempos
-y antes de crecer-
sintieron el alud de los caminos
y calmaron de mi sed el sentimiento.

Son la forja de mi estirpe, tan humana,
audaces, como siempre,
que en la escuela blandieron pegajosas
la pluma, el tintero
y el sainetee conspicuo de las horas.

Con sus diez dedos fueron caprichosas
deidades trashumantes,
a veces tan cerca del infierno
y en otras ocasiones
lleváronme también a los altares.

Manos, a la pasión recién nacidas
en las sombras del placer,
las siento tan ajenas y tan mías
como fueran las voces que encendieron
la lámpara del día.

Ayer, con ellas desposé a mi esposa
en tierras tropicales
y luego pude acariciar mejillas,
primero de mis hijos
y luego de mis nietos lisonjeros.
¡Oh! Manos abismales.

Jamás supieron de la furia ni el espanto
mis manos, mis enjundiosas manos,
así pecaminosas…
que fueran el apoyo de mis padres
en su infalible camino hacia la fosa.

Mis manos, nunca despiadadas
y herramientas de mis años idos,
acariciaron frentes
y de mi amada sus párpados dormidos
de azul de primavera.

¿Irán mis manos un día muy temblorosas
y posiblemente huecas
a blandir la flamígera espada,
o serenas y yertas
implorarán de Dios una mirada?

Estas manos que me dio la vida,
escudo de mis ojos,
cortarán del monte los abrojos
tal vez como tizona
cuando ilumine el sol de mi partida.

Manos, fuentes de placeres,
y ceremoniosas cumbres de mi vida,
cruzadas en mi pecho
abrazarán mi esqueleto ya dormido,
huesudas, descarnadas...
y también resucitadas en la nada.

Julio Serrano Castillejos

Grande amigo Julio, este canto a tus manos, a tu vida, gracias Poeta
 
ELEGÍA A MIS MANOS


Manos, mis temblorosas y delicadas manos,
curtidas por el viento,
a veces tercas y también traviesas,
teñidas por el sol
como espigas fugaces de mi aliento.

Que fueran con sus dedos desiguales
el ábaco nocturno
para contar de niño las estrellas
en este mundo absurdo
donde el cero corona decimales.

Ayer tan candorosas
en juegos prodigiosos y hechiceros
que en días infantiles
preñadas de pureza siempre fueron
el sol de mis perfiles.

De jóvenes, candentes en los cielos
de cien hermosas niñas
que dieran a mis días el pensamiento
bruñido por los ecos
de una franca y sonora carcajada.

Manos de mi juventud pomposa
y de una cuita inquieta,
surgidas a la luz de la distancia
con sorna indefinible
como fantasmal nave marinera.

Amapolas y luces encontradas
en calles del destino.
Sellaron su rubor en los cristales
con huellas perceptibles
en las ventanas de risueñas novias
de aquellos mis abriles.

Oh, manos caprichosas
que en la humedad opaca de los tiempos
-y antes de crecer-
sintieron el alud de los caminos
y calmaron de mi sed el sentimiento.

Son la forja de mi estirpe, tan humana,
audaces, como siempre,
que en la escuela blandieron pegajosas
la pluma, el tintero
y el sainetee conspicuo de las horas.

Con sus diez dedos fueron caprichosas
deidades trashumantes,
a veces tan cerca del infierno
y en otras ocasiones
lleváronme también a los altares.

Manos, a la pasión recién nacidas
en las sombras del placer,
las siento tan ajenas y tan mías
como fueran las voces que encendieron
la lámpara del día.

Ayer, con ellas desposé a mi esposa
en tierras tropicales
y luego pude acariciar mejillas,
primero de mis hijos
y luego de mis nietos lisonjeros.
¡Oh! Manos abismales.

Jamás supieron de la furia ni el espanto
mis manos, mis enjundiosas manos,
así pecaminosas…
que fueran el apoyo de mis padres
en su infalible camino hacia la fosa.

Mis manos, nunca despiadadas
y herramientas de mis años idos,
acariciaron frentes
y de mi amada sus párpados dormidos
de azul de primavera.

¿Irán mis manos un día muy temblorosas
y posiblemente huecas
a blandir la flamígera espada,
o serenas y yertas
implorarán de Dios una mirada?

Estas manos que me dio la vida,
escudo de mis ojos,
cortarán del monte los abrojos
tal vez como tizona
cuando ilumine el sol de mi partida.

Manos, fuentes de placeres,
y ceremoniosas cumbres de mi vida,
cruzadas en mi pecho
abrazarán mi esqueleto ya dormido,
huesudas, descarnadas...
y también resucitadas en la nada.

Julio Serrano Castillejos



Sí que tienes una buenas manos Julio, es cierto, por eso mis estrellas para tan gran talento, un abrazo, ¡Ex-ce-len-te!
 
Un poeta con su maximo talento siempre sera un poeta reconocido y respetado.
Grandiosa elegia a sus manos que el instrumento que plasman lo que piensas y sientes a traves los versos.
Un gran placer leerte.
Saludos.
 
Un poeta con su maximo talento siempre sera un poeta reconocido y respetado.
Grandiosa elegia a sus manos que el instrumento que plasman lo que piensas y sientes a traves los versos.
Un gran placer leerte.
Saludos.


Deyraidanvic:

Gracias por tan alentador mensaje. Este poema al que te
refieres de manera tan grata, ha tenido sonados éxitos en
diversos portales literarios. Te abrazo desde el sur de México:
J u l i o .
 
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