Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
No sé qué ni quién es Dios.
¿Ustedes creen en la locura?
Yo no.
O debo de ser más fuerte y duro que ella.
No creo en mi trastorno.
Todo está trastornado.
Ahora bien, si mi "trastorno" tiene que ver con Dios, ahí entramos en un conflicto.
Dije que nadie puede convencerme de nada.
Yo no hablo su idioma, por así decirlo.
Es más, moriré sin hacerlo.
Me han dicho de todo.
Dije que sus críticas para mí son surrealistas.
No puedo escribir de otra forma.
Estoy marcado, o señalado, o simplemente soy un visionario.
A quién quieren engañar.
Aquí no hay nada que enseñar.
Ni yo a ustedes ni muchísimo menos ustedes a mí.
Ni siquiera ustedes tienen algo que enseñarse entre ustedes.
Las opiniones son inherentes porque nadie aquí ha visto un milagro.
Nadie cambia de posición ni de opinión.
Yo tengo la mía.
No la cambio por nada ni por nadie.
Ustedes harán lo mismo.
Repito:
No sé qué ni quién es Dios.
Solo tengo un puñado de letras.
Hay quien dice que soy un veleta.
Pero siempre escribo en la misma dirección.
Hay quien no lo capta.
No empleo conceptos terrenales.
Tengo mi evidencia moral.
Siempre me he sentido engañado y estafado.
Era ése un sentimiento difícil de localizar.
He profundizado mucho en mí como para que vengan a desacreditar mi poesía.
Una cosa es que me haga el longuis y otra muy distinta es que me haga falta un abrazo.
Lo cierto es que nada de aquí me resulta necesario.
"He radicalizado tanto mi pensamiento que no admite la duda."