Álex Hernández
Poeta recién llegado
He descubierto a una niña que jugaba a hacer mujer.
Se peinaba el amanecer, y cuando despertaba,
tenía el cabello lleno de estrellas.
Yo nunca supe si sus
ojos brillaban más que la luna,
o si la luna, brillaba más que sus
ojos.
Se aferraba a mi como pirata en alta mar,
me aferraba a ella como si me fuese
a salvar la vida.
Apareció escurriéndose en mi mano,
(y en mi vida)
besando la herida,
pobre chica intranquila.
Pero ella estaba allí
deseando un amor,
temerosa del mundo,
con la coraza bien
puesta, y el corazón
de piedra.
Yo la quería,
pero ella bebía más de la cuenta
todos los días,
y a mí me dolía.
Ella es todo lo que le hace falta al mundo de mierda.
La canción más triste del bar,
la última flor en marchitarse,
el cuento que nunca termina,
la primavera que jamás vio la luz del sol.
— Álex Hernández. Oda a una primavera de mierda.
Se peinaba el amanecer, y cuando despertaba,
tenía el cabello lleno de estrellas.
Yo nunca supe si sus
ojos brillaban más que la luna,
o si la luna, brillaba más que sus
ojos.
Se aferraba a mi como pirata en alta mar,
me aferraba a ella como si me fuese
a salvar la vida.
Apareció escurriéndose en mi mano,
(y en mi vida)
besando la herida,
pobre chica intranquila.
Pero ella estaba allí
deseando un amor,
temerosa del mundo,
con la coraza bien
puesta, y el corazón
de piedra.
Yo la quería,
pero ella bebía más de la cuenta
todos los días,
y a mí me dolía.
Ella es todo lo que le hace falta al mundo de mierda.
La canción más triste del bar,
la última flor en marchitarse,
el cuento que nunca termina,
la primavera que jamás vio la luz del sol.
— Álex Hernández. Oda a una primavera de mierda.