En el árbol petrificado de la ruindad,lloras lágrimas amargas que van a caer a la pavorosa ciénaga de la mortandad.No te perdonas el haber perdido al amor dulce de tu vida.Por eso te torturas ahora,en noches tétricas sin luna,con la guadaña fría,acercándola al palpitante cuello tuyo de joven harapiento.En un deseo obscuro querrías segar de una vez por todas tu servil vida.Pero he aquí que llega tu rubia amada,corriendo y compungida a consolarte;apartando el nefasto instrumento de calamitoso suicidio y enjugando con el pañuelo de seda tus ojos ahora ciegos de amor fatal.Ella te susurra mansas palabras para apaciguar tu espíritu,mas tú,traidor,la empujas y cae desconsolada al frío suelo donde dormitan tus viles pecados.
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