Alberto Alcoventosa
Poeta adicto al portal
Flácidas velas que no sopla el viento,
dejando el velero anclado en el puerto,
como tierra inculta del baldío huerto,
que al labriego quita el vital sustento.
Almas lamidas por el sufrimiento,
crisol de dolor de reflejo incierto,
andan la vida con pasos de muerto
y arriban del mar con sed de alimento.
Proclaman su duelo en gritos sin eco,
en busca de alguien, que su mano tienda,
suplican consuelo en un recoveco.
Amigo no hallan que su causa entienda,
yermo el camino, cual regato seco,
rastrojos de hambre, sin visos de enmienda.
dejando el velero anclado en el puerto,
como tierra inculta del baldío huerto,
que al labriego quita el vital sustento.
Almas lamidas por el sufrimiento,
crisol de dolor de reflejo incierto,
andan la vida con pasos de muerto
y arriban del mar con sed de alimento.
Proclaman su duelo en gritos sin eco,
en busca de alguien, que su mano tienda,
suplican consuelo en un recoveco.
Amigo no hallan que su causa entienda,
yermo el camino, cual regato seco,
rastrojos de hambre, sin visos de enmienda.