Armando Gómez
Poeta recién llegado
Semillas de un tal árbol, que se encoge
Vaciadas en los genes, de una cárcel aclimatada
En una industria ficticia
Sobran mentes de obra, soñadoras y ligeras
Pero es trabajo, acento a caribe, luces de neón enrogecidas
Manchadas de niebla triangular y verde
Paisaje adormecido, de suspenso
Que abraza multidudes, y presiona fuerte
Transporta estrellas, señoras del universo
Servidoras del cristal, que exhala bravura y fábula
Pizca de hombría, que se victorea en el certamen
Discurso del plomo, manoseado, recita paz
Llamas de su árbol, que se encoge
En los genes, de una cárcel de mármol
En la industria artesanal
Pies de obra, baratos y poderosos
Constelaciones adictivas, latas cosmopolitas
Trazan una equis, en la juventud, divino tesoro
Observa bien su legado el hijo del pueblo
Representa delicias, sabores, colores que gritan
Lo oscuro, susurro de lo exótico
Lo blanco, en línea, para hacer brillar lo negro
Y ocultar el impulso desesperado
Consumidor contento, bajo sirenas que no alertan
Detectivezco, en lupa con su ánimo
Le regala vestidos al respeto
Animales policromaticos, títeres del juego
Fichas del polvo, que apuesta sin quejarse
Sustancias, solubles al desorden
Azúcar, fármaco de la esperanza
Sodio, rabia del pacífico enfermo
Café para el pasivo, cianuro para el madrugador
Semillas de su árbol, que se encoge
En los genes, de una cárcel de arsilla
En la industria surrealista
Manos de obra, tan noticiosas como semejantes
De pura zepa, crudo y delicioso amanecer
Del valle del desconsuelo temporal
Cima de la domesticación
Que da palmaditas en la espalda de la moral
Fuerzas en descanso, perfumes de la muerte
Fragancia del modernismo, espada libertadora
Camisa floreada del eterno afligido
Estampa en su sueño, un aire a familia
Savia de nuestro árbol, que se encoge
En los genes, de una cárcel gourmet
En la industria hiperrealista
Manos de obra, tan mutiladas como campesinas
Vaciadas en los genes, de una cárcel aclimatada
En una industria ficticia
Sobran mentes de obra, soñadoras y ligeras
Pero es trabajo, acento a caribe, luces de neón enrogecidas
Manchadas de niebla triangular y verde
Paisaje adormecido, de suspenso
Que abraza multidudes, y presiona fuerte
Transporta estrellas, señoras del universo
Servidoras del cristal, que exhala bravura y fábula
Pizca de hombría, que se victorea en el certamen
Discurso del plomo, manoseado, recita paz
Llamas de su árbol, que se encoge
En los genes, de una cárcel de mármol
En la industria artesanal
Pies de obra, baratos y poderosos
Constelaciones adictivas, latas cosmopolitas
Trazan una equis, en la juventud, divino tesoro
Observa bien su legado el hijo del pueblo
Representa delicias, sabores, colores que gritan
Lo oscuro, susurro de lo exótico
Lo blanco, en línea, para hacer brillar lo negro
Y ocultar el impulso desesperado
Consumidor contento, bajo sirenas que no alertan
Detectivezco, en lupa con su ánimo
Le regala vestidos al respeto
Animales policromaticos, títeres del juego
Fichas del polvo, que apuesta sin quejarse
Sustancias, solubles al desorden
Azúcar, fármaco de la esperanza
Sodio, rabia del pacífico enfermo
Café para el pasivo, cianuro para el madrugador
Semillas de su árbol, que se encoge
En los genes, de una cárcel de arsilla
En la industria surrealista
Manos de obra, tan noticiosas como semejantes
De pura zepa, crudo y delicioso amanecer
Del valle del desconsuelo temporal
Cima de la domesticación
Que da palmaditas en la espalda de la moral
Fuerzas en descanso, perfumes de la muerte
Fragancia del modernismo, espada libertadora
Camisa floreada del eterno afligido
Estampa en su sueño, un aire a familia
Savia de nuestro árbol, que se encoge
En los genes, de una cárcel gourmet
En la industria hiperrealista
Manos de obra, tan mutiladas como campesinas
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