José Luis Galarza
Poeta que considera el portal su segunda casa
Velo por la mañana
que despeja tus pesadillas,
quiero aprehender la sustancia,
el revuelo en esta atmósfera,
el aliento de un despertar
con todo encendido en tu mirada,
sin huellas del naufragio.
La palidez y la lejanía
que interpones puede olvidarse.
En algún punto del instante
está la pócima secreta,
la explosión química,
algo… algo que integre
otra vez tu mirada y mi tiempo,
tu tiempo y el espacio,
fuera de las tenazas del océano.
La maquinaria del miedo
está creciendo pero en mí,
te traspasa la temeridad
y supongo y temo
es próximo o equivalente
el tiempo irreversible,
el mutismo prolongado,
el destello de los términos
el deshielo de la isla.
Sin embargo,
tus ojos comienzan a regenerar
ladrillos de un espacio
suspendido en la irrealidad.
Me propones un lugar
en la región fantástica,
un puente que retribuye
con confianza
a esta puerta abierta
como la expectativa.
El temblor de mi cuerpo
permanece en la sombra,
me niego a perturbar el instante
en que las heridas cicatrizan,
cuando la mirada regenera
el tejido con hilo de luz,
el destello de este reencuentro
sobre el cristal que reúne
un anhelo que pertenece al silencio.
Compartamos en la mañana
la brisa que limpia,
el mal augurio
que tiene a tus ojos
en una red sobre los árboles,
para que no vuelen
a olvidar sus alas
en un abrir y cerrar
de los sueños,
para que puedan
seguir soñando despiertos.