BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y en ese hueco,
oscuro como lagarto,
hundí mis manos, sedientas.
Y lo hallé incómodo, frío:
secreto que murmuré a voces,
por las calles de Cuenca.
No te seguí; no me seguías.
Pero encontré tu murmullo,
entre las hoces que todavía
persisten y quedan. Oh, que
tras tantos años, aun proclaman
y envuelven en brumas tu nombre!
©
oscuro como lagarto,
hundí mis manos, sedientas.
Y lo hallé incómodo, frío:
secreto que murmuré a voces,
por las calles de Cuenca.
No te seguí; no me seguías.
Pero encontré tu murmullo,
entre las hoces que todavía
persisten y quedan. Oh, que
tras tantos años, aun proclaman
y envuelven en brumas tu nombre!
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