Tengo páginas en blanco
pluma y tinta en mi mesa
para escribir estos versos en el soleado bosque...
Siempre te imagino cabalgando
en un caballo negro
desnudo como el hermoso Antino
cuando acariciaba por las noches
a su hombre Adriano
Buscas en los bosques
a tu hermosa Helena
las encuentras en un río
peinándose con las hojas secas
juegas con los animales salavajes
se levanta y se acerca a ti
abre sus manos
la coges en brazos
cabalgas rápidamente
nada ni nadie te puede detener
llegas a lo alto de la montaña
entras en la cueva
en brazos llevas a Helena
te adentras en lo más profundo,
en lo más oscuro y enciendes una antorcha
El placer de ese momento
fueron de gritos y gemidos
tus caricias eran arañazos
en sus pechos y muslos
no podías dejar de besarla en su boca y cuello
vuestros cuerpos se funden en el sudor
la respiración es corta e intensa
nada ni nadie puede pararos
pasan los días y los días
cuando salís de la cueva
la naturaleza os contempla
como creadores de la belleza
Dedicado a Miguel Ángel Díaz Carlier, amigo, compañero y amante en mi vida.
Eres una fuente inagotable de belleza
Eres una fuente inagotable de belleza
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