marte5
Poeta fiel al portal
El estaba sentado.
En el desierto, sobre una duna.
Con una jarra de limonada.
Y un vaso pequeño.
Su rostro enjuto.
Dejaba ver un par de ojos hundidos.
Que miraban más allá.
De donde podía alcanzar mi vista.
Me senté a su lado.
Y no era posible soportar el calor.
Le hablé de toda mi vida.
Desde las mas lejanas palabras que sostenían mi memoria.
Hasta el camino que se desvaneció.
Llevándome a este desierto.
La brisa rasgaba la piel.
Quemando los huesos.
Y era inmutable el sol en el cielo.
Inmenso.
Seguí contándole sobre mis sueños.
Deseos, esperanzas, y como se fundían.
Con el resplandor de las inmensas extensiones.
De arena.
Al terminar de hablar.
Me vi a mí mismo viejo, débil, seco.
Con las ropas desgastadas.
Y casi ciego.
El levantó el vaso.
Lo llenó lentamente con limonada.
Y lo puso en una de mis manos.
Y en la otra, puso la Jarra.
Entonces se levantó lentamente.
Y casi sin vida.
Comenzó a caminar.
Y se alejó de mí.
Levanté la copa.
Y con lo que me quedaba de fuerzas, bebí.
En el desierto, sobre una duna.
Con una jarra de limonada.
Y un vaso pequeño.
Su rostro enjuto.
Dejaba ver un par de ojos hundidos.
Que miraban más allá.
De donde podía alcanzar mi vista.
Me senté a su lado.
Y no era posible soportar el calor.
Le hablé de toda mi vida.
Desde las mas lejanas palabras que sostenían mi memoria.
Hasta el camino que se desvaneció.
Llevándome a este desierto.
La brisa rasgaba la piel.
Quemando los huesos.
Y era inmutable el sol en el cielo.
Inmenso.
Seguí contándole sobre mis sueños.
Deseos, esperanzas, y como se fundían.
Con el resplandor de las inmensas extensiones.
De arena.
Al terminar de hablar.
Me vi a mí mismo viejo, débil, seco.
Con las ropas desgastadas.
Y casi ciego.
El levantó el vaso.
Lo llenó lentamente con limonada.
Y lo puso en una de mis manos.
Y en la otra, puso la Jarra.
Entonces se levantó lentamente.
Y casi sin vida.
Comenzó a caminar.
Y se alejó de mí.
Levanté la copa.
Y con lo que me quedaba de fuerzas, bebí.