En el espinal

Rama

Poeta recién llegado
Un sendero en el monte,

oscurecida cornisa al ras del abismo.

que amenaza,

que oscurece,

que susurra con filo

palabras de los profundos infiernos.




Y el frío,

¿cuantas veces, en la soledad, se helaron las lágrimas?




Camino y tropiezo con ramas caídas

y con algunas que sin caerse

detienen el avance de mi cuerpo.

He dejado el fuego atrás.

Aunque en sus llamas danzaron las imágenes sagradas.

Aunque el sonido crepitante de la madera

me ha susurrado el consejo

y ha despertado en mí al aforismo.

Aunque el humo me limpió de viejas marcas de hollín

y sus chispas me han elevado a la plenitud.

No, esta vez no imploro su calor,

su atmósfera de brillos encendidos.

Esta fría oscuridad no es su lugar.




¿Y si busco alejarme por el risco del monte?

¿Adónde llegaré si no distingo el camino?




Pero una mano se posa sobre mi hombro.

Me detiene,

Me aconseja esperar.

Esa vos que surca

como brisa entre los árboles,

llega desde lo profundo

sumerge en mí su latido,

su amplia respiración

y su alegre confianza

que dará paso al sentido plagado de destellos.

Entonces, sobre la oscuridad,

cae el manto

sedoso, trasparente y suavemente luminoso

de un Plan.
 

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