Relucen los espejos de cristal
perfumada la noche de sentidos
y rosas, mientras tú, en el pedernal
-crisálida ternura entre gemidos-
te agitas entre lágrimas y risas
compás entre etiquetas y camisas.
Camino del desierto y la palmera
carente de las hojas – carcomidas-,
vagando entre espejismos a la vera
de un horadado sueño que tú anidas.
La orquesta de una lírica velada
columpia el DO menor con voz soñada.
Mientras en el salón de las mil caras,
retumban los susurros de mi alma.
Sembrar quiero la tierra que tú aras
meciéndose el dolor bajo nuestra calma.
Ni un ápice de gloria en mi cruzada
perdura sin la gracia de mi amada.
Quisiera cincelarte una techumbre
al arrullo de exquisitas sonrisas
al tiempo que perdura vuestra lumbre.
Presiento que son ciertas mis pesquisas.
Has seguido bebiendo del color
púrpura del cactus reseco en flor.
perfumada la noche de sentidos
y rosas, mientras tú, en el pedernal
-crisálida ternura entre gemidos-
te agitas entre lágrimas y risas
compás entre etiquetas y camisas.
Camino del desierto y la palmera
carente de las hojas – carcomidas-,
vagando entre espejismos a la vera
de un horadado sueño que tú anidas.
La orquesta de una lírica velada
columpia el DO menor con voz soñada.
Mientras en el salón de las mil caras,
retumban los susurros de mi alma.
Sembrar quiero la tierra que tú aras
meciéndose el dolor bajo nuestra calma.
Ni un ápice de gloria en mi cruzada
perdura sin la gracia de mi amada.
Quisiera cincelarte una techumbre
al arrullo de exquisitas sonrisas
al tiempo que perdura vuestra lumbre.
Presiento que son ciertas mis pesquisas.
Has seguido bebiendo del color
púrpura del cactus reseco en flor.