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En el Vacío de tu Ausencia

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
Intento ya olvidar que estás ausente, me aferro al intento de fingir que estás presente. Pretendo llenar este vacío con los desvaríos de recuerdos de ayer. Mis manos vuelan, casi febriles, a tu rostro amado y trémulas lo acercan a mis labios, que con ansia desesperada recorren su contorno. Mi mente, febril y loca, se convierte en una comparsa de deseos. Un cuerpo ardiente, manos que anhelan depositar en ti tanta ternura, buscando hacer realidad esta quimera.

La oscuridad, cómplice perfecta de este deseo insano, de este reclamo sin respuesta. Pero ya la luz indiscreta del día me obliga a abrir los ojos y te llamo. El eco de mi voz, cual burla cruel, resuena en este ámbito desolado y frío, lleno de una realidad insoportable, de una vida que parece inerte. La soledad se convierte en una lápida aplastante que aprisiona despiadadamente mi ser, mientras este cuerpo, ya sin alma, vaga sin descanso, condenado por amar a quien no me ama.

En el crepúsculo de mi mente, donde los deseos se entrelazan con la realidad, intento ya olvidar tu ausencia. Pero cada intento es un fracaso, cada fingimiento una burla que se hace más hiriente con cada eco de tu nombre que resuena en la fría oscuridad. Mis manos, mis labios, mi mente... todo te busca, todo te llama, pero solo encuentro el vacío, una ausencia que se convierte en presencia en cada rincón de mi ser.

Y así, condenado por este amor no correspondido, por este deseo insano, vago sin rumbo, sin paz, llevando la carga de un amor que nunca fue y de una esperanza que nunca será.
 
Intento ya olvidar que estás ausente, me aferro al intento de fingir que estás presente. Pretendo llenar este vacío con los desvaríos de recuerdos de ayer. Mis manos vuelan, casi febriles, a tu rostro amado y trémulas lo acercan a mis labios, que con ansia desesperada recorren su contorno. Mi mente, febril y loca, se convierte en una comparsa de deseos. Un cuerpo ardiente, manos que anhelan depositar en ti tanta ternura, buscando hacer realidad esta quimera.

La oscuridad, cómplice perfecta de este deseo insano, de este reclamo sin respuesta. Pero ya la luz indiscreta del día me obliga a abrir los ojos y te llamo. El eco de mi voz, cual burla cruel, resuena en este ámbito desolado y frío, lleno de una realidad insoportable, de una vida que parece inerte. La soledad se convierte en una lápida aplastante que aprisiona despiadadamente mi ser, mientras este cuerpo, ya sin alma, vaga sin descanso, condenado por amar a quien no me ama.

En el crepúsculo de mi mente, donde los deseos se entrelazan con la realidad, intento ya olvidar tu ausencia. Pero cada intento es un fracaso, cada fingimiento una burla que se hace más hiriente con cada eco de tu nombre que resuena en la fría oscuridad. Mis manos, mis labios, mi mente... todo te busca, todo te llama, pero solo encuentro el vacío, una ausencia que se convierte en presencia en cada rincón de mi ser.

Y así, condenado por este amor no correspondido, por este deseo insano, vago sin rumbo, sin paz, llevando la carga de un amor que nunca fue y de una esperanza que nunca será.
Hay veces que no podemos olvidar.

Saludos
 

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