Libro Independiente: Espíritus Desertores.
Autor: Leyla Karina Espinosa Yada.
Derechos de autor: SI.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
- Tus ojos brillan
¿Por qué caen lágrimas?
Tú callas
Dime porque.
- Lloro por todo
y nada también,
de un amor
que se fue,
por un silencio
que otorgué.
Soy el frío tronco
que nadie
quiso alguna vez,
el sauce polémico
qué vio crecer
las nubes
que cubrieron
el ahora, amargo cielo.
- Pero ¿Qué culpa
tienen?
- No lo se,
la verdad
es que los días
de otoño e
invierno comenzaron.
- Pero se irán.
- No, no es así.
Soy un viejo
árbol, Carmen.
Sé que no lo hará
ve el jardín
de las amapolas,
perece al son
de la vida,
de la realidad,
agoniza y muere
como la joya
que no se
pudo encontrar.
Míralos Carmen,
tú sabes más
que nadie
lo que te digo,
corres el mismo
o más peligro
que mis ramas.
- Cierto es que la gente
convive con el dolor
en este humilde
pueblo sin razón,
que la designación
mancha las primaveras
pero ¿No juzgas muy pronto?
¿Puede quedar
un pedazo de alma
de alguno?
¡Explícame, entonces,
Por qué ellos aún lloran
ante la fría muerte!
¡Explícame las lágrimas
que florecen!
¡Explícame qué hago aquí
Junto a ti!
- ¡Llora, llora, que los lobos
fenecen ante una maldad
más perversa que ellos!
¡Sufrir y cuidado
con tu espalda!
¡Te lo advierto!
¡más tú que hablas
con la naturaleza,
te acusaran de hereje!
y tu sufrimiento
No tendrá fin.
¡Llorarás entre las amapolas
muertas, el ayer!
¡Entre mis ramas
que ya no podrás ver!
Y tu silencio
será eterno…
El peor de los castigos
entre los dos cielos,
no hablo del cielo
de los infames
que se llaman humanos.
Habló de la libertad
de sumergirte
en el miedo,
en la vida
y la muerte
¡Que cualquier extremo
es delirio!
si se hace eterno.
Se necesitan
ambos para escribir
un nuevo capítulo.
Forja tu valor,
Carmen,
con tus lágrimas,
tu coraje
y simpatía.
No olvides
tu corazón
que ahorita late
al sonido de mi voz,
pero mañana,
mañana…
¡Podría morir
ante la falsa
moral
de esta civilización!
¡Deshonra de nuestros
fríos mares,
de nuestros bosques,
del sol y la luna
de toda belleza que lo rodea!
¡Su esencia, amargura!
Autor: Leyla Karina Espinosa Yada.
Derechos de autor: SI.
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- Tus ojos brillan
¿Por qué caen lágrimas?
Tú callas
Dime porque.
- Lloro por todo
y nada también,
de un amor
que se fue,
por un silencio
que otorgué.
Soy el frío tronco
que nadie
quiso alguna vez,
el sauce polémico
qué vio crecer
las nubes
que cubrieron
el ahora, amargo cielo.
- Pero ¿Qué culpa
tienen?
- No lo se,
la verdad
es que los días
de otoño e
invierno comenzaron.
- Pero se irán.
- No, no es así.
Soy un viejo
árbol, Carmen.
Sé que no lo hará
ve el jardín
de las amapolas,
perece al son
de la vida,
de la realidad,
agoniza y muere
como la joya
que no se
pudo encontrar.
Míralos Carmen,
tú sabes más
que nadie
lo que te digo,
corres el mismo
o más peligro
que mis ramas.
- Cierto es que la gente
convive con el dolor
en este humilde
pueblo sin razón,
que la designación
mancha las primaveras
pero ¿No juzgas muy pronto?
¿Puede quedar
un pedazo de alma
de alguno?
¡Explícame, entonces,
Por qué ellos aún lloran
ante la fría muerte!
¡Explícame las lágrimas
que florecen!
¡Explícame qué hago aquí
Junto a ti!
- ¡Llora, llora, que los lobos
fenecen ante una maldad
más perversa que ellos!
¡Sufrir y cuidado
con tu espalda!
¡Te lo advierto!
¡más tú que hablas
con la naturaleza,
te acusaran de hereje!
y tu sufrimiento
No tendrá fin.
¡Llorarás entre las amapolas
muertas, el ayer!
¡Entre mis ramas
que ya no podrás ver!
Y tu silencio
será eterno…
El peor de los castigos
entre los dos cielos,
no hablo del cielo
de los infames
que se llaman humanos.
Habló de la libertad
de sumergirte
en el miedo,
en la vida
y la muerte
¡Que cualquier extremo
es delirio!
si se hace eterno.
Se necesitan
ambos para escribir
un nuevo capítulo.
Forja tu valor,
Carmen,
con tus lágrimas,
tu coraje
y simpatía.
No olvides
tu corazón
que ahorita late
al sonido de mi voz,
pero mañana,
mañana…
¡Podría morir
ante la falsa
moral
de esta civilización!
¡Deshonra de nuestros
fríos mares,
de nuestros bosques,
del sol y la luna
de toda belleza que lo rodea!
¡Su esencia, amargura!
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