Entre las calles calientes
la brisa se cuela lenta.
Los olores descienden al suelo
y en mi mente quedan sus recuerdos.
Una silla cerca de una mesa blanca
me espera discreta,
me toma en brazos, clavándome sus costillas.
Los pies me duelen.
El camarero llega,
me habla deprisa,
no lo entiendo
aunque le cuento mi urgencia.
El rato pasa perezoso, fresco y distante.
La noche se acerca tímida,
yo me levanto y pago.
Los adoquines me llevan otra vez
a mi calle,
a mi casa oscura y callada.
Mis manos tantean la luz hasta conseguirla,
y me dejo caer en el sillón
mirando a las sombras que se cuelan por la ventana.
la brisa se cuela lenta.
Los olores descienden al suelo
y en mi mente quedan sus recuerdos.
Una silla cerca de una mesa blanca
me espera discreta,
me toma en brazos, clavándome sus costillas.
Los pies me duelen.
El camarero llega,
me habla deprisa,
no lo entiendo
aunque le cuento mi urgencia.
El rato pasa perezoso, fresco y distante.
La noche se acerca tímida,
yo me levanto y pago.
Los adoquines me llevan otra vez
a mi calle,
a mi casa oscura y callada.
Mis manos tantean la luz hasta conseguirla,
y me dejo caer en el sillón
mirando a las sombras que se cuelan por la ventana.