carlos loera
Poeta recién llegado
Las noches pasan una tras otra sin sentido.
Los días eran grises y vacíos sin vida, sin luz, sin el gran amor que un día lleno el corazón y le dio paz al momento y al ser. Sus ojos eren extraños, sus labios lejanos y sus brazos fríos e indiferentes, quien creería que hay que alguna vez hubo amor, la unión de dos mundos tan necesitados el uno del otro quien podrá creer ahora si le contasen; que los sueños entonces estaban colmados de amor, que los corazones hoy distantes, estuvieron entonces unidos por la cadencia de sus sentimientos que los días juntos llenaban la vida de motivos y de alegrías, que al ver su rostro cualquier dolor se bañaba en miel y se hacia tan ajenos a esos ojos tan obscuros tan radiantes quien podrá decir hoy que ese vació estuvo por un sentir tan profundo que el corazón se sentía colmado al escuchar su voz y la razón se perdía con la distancia, desvaneciéndose por completo con el rose de sus manos.
Los días eran grises y vacíos sin vida, sin luz, sin el gran amor que un día lleno el corazón y le dio paz al momento y al ser. Sus ojos eren extraños, sus labios lejanos y sus brazos fríos e indiferentes, quien creería que hay que alguna vez hubo amor, la unión de dos mundos tan necesitados el uno del otro quien podrá creer ahora si le contasen; que los sueños entonces estaban colmados de amor, que los corazones hoy distantes, estuvieron entonces unidos por la cadencia de sus sentimientos que los días juntos llenaban la vida de motivos y de alegrías, que al ver su rostro cualquier dolor se bañaba en miel y se hacia tan ajenos a esos ojos tan obscuros tan radiantes quien podrá decir hoy que ese vació estuvo por un sentir tan profundo que el corazón se sentía colmado al escuchar su voz y la razón se perdía con la distancia, desvaneciéndose por completo con el rose de sus manos.
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