¿En qué grupo estás tú?

Anna Politkóvskaya

Poeta fiel al portal
La humanidad, ¡qué mal huele!
¿Verdad?
Especialmente los que más tienen.
¿No dicen que están podridos de dinero?
Pero no es en olores
en lo que quiero dilapidar estos versos,
-¿o sí?-
sino en jerarquías. La gente
es aficionada a ponerle
números ordinales a todo. La Historia
está llena de números ordinales.
Y he pensado que, como yo soy gente
y de alguna manera formo parte
de la historia, tengo el mismo derecho
a usarlos, aunque con una intención mefítica
como es la de ordenar a los hombres
según lleven o no cadenas. Si los cálculos
no me fallan -suceso que entra
dentro de lo posible,
pues solo de un presunto poema se trata-
he contado cuatro grupos,
denominados hordas o tribus
atendiendo a su capacidad
para la barbarie o las luces.
En la cúspide están aquellos que no llevan
ni un solo eslabón, pues nacieron
con un cetro bajo el brazo. Son muy pocos,
de una opacidad absoluta y con un gran talento
para la barbarie, diríase que infinito.
Luego están los encadenados
con conciencia. Viven inmersos
en un juego permanente
de luces y sombras -se agudiza
cuando soplan vientos huracanados del oeste-
en su afán por doblegar al cetro.
Horda sin eximentes es el grupo que viene
a continuación, rebozado en toneladas
de cadenas y babeando por el fútbol.
Sin comentarios…Bueno sí, uno: se venden
como semovientes al cetro.
Los últimos, innumerables, expulsados
de sus nombres y desprovistos
de los cuatro elementos por la barbarie,
tenaces arrastran sus cadenas,
vivos o muertos, exigiendo su derecho a soñar.
 
Última edición:
La humanidad, ¡qué mal huele!
¿Verdad?
Especialmente los que más tienen.
¿No dicen que están podridos de dinero?
Pero no es en olores
en lo que quiero dilapidar estos versos,
-¿o sí?-
sino en jerarquías. La gente
es aficionada a ponerle
números ordinales a todo. La Historia
está llena de números ordinales.
Y he pensado que, como yo soy gente
y de alguna manera formo parte
de la historia, tengo el mismo derecho
a usarlos, aunque con una intención mefítica
como es la de ordenar a los hombres
según lleven o no cadenas. Si los cálculos
no me fallan -suceso que entra
dentro de lo posible,
pues solo de un presunto poema se trata-
he contado cuatro grupos,
denominados hordas o tribus
atendiendo a su capacidad
para la barbarie o las luces.
En la cúspide están aquellos que no llevan
ni un solo eslabón, pues nacieron
con un cetro bajo el brazo. Son muy pocos,
de una opacidad absoluta y con un gran talento
para la barbarie, diríase que infinito.
Luego están los encadenados
con conciencia. Viven inmersos
en un juego permanente
de luces y sombras -se agudiza
cuando soplan vientos huracanados del oeste-
en su afán por doblegar al cetro.
Horda sin eximentes es el grupo que viene
a continuación, rebozado en toneladas
de cadenas y babeando por el fútbol.
Sin comentarios…Bueno sí, uno: se venden
como semovientes al cetro.
Los últimos, innumerables, expulsados
de sus nombres y desprovistos
de los cuatro elementos por la barbarie,
tenaces arrastran sus cadenas,
vivos o muertos, exigiendo su derecho a soñar.

No sabría en qué grupo incluirme
pues nadie está libre de llevar arrastrando,
aunque no haga ruido,algún tipo de cadena...
Saludos cordiales
Por cierto, compañera,me recordaste
una hermosa canción de jarcha y aquellos años...
 
Última edición:
No sabría en qué grupo incluirme
pues nadie está libre de llevar arrastrando,
aunque no haga ruido,algún tipo de cadena...
Saludos cordiales
Por cierto, compañera,me recordaste
una hermosa canción de jarcha y aquellos años...


Entre lo jocoso y lo deprimente gira la situación de un mundo que tiene que volver a inventar la brújula. Gracias por palabras tan maravillosas con música incluida.
 

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