En un mugriento rincón
por colchón y cama yesos,
se encontraba
sin ni siquiera un jergón
donde acomodar sus huesos.
Tiritaba,
era la mujer que amaba
parecíame un mal sueño,
deliraba
y en sus dos manos portaba
un mendrugo como leño
y temblaba.
¡Dios! Qué castigo tan cruel
y qué poco merecido,
la dejé
por haberme sido infiel,
mas al verla, compungido
perdoné.
por colchón y cama yesos,
se encontraba
sin ni siquiera un jergón
donde acomodar sus huesos.
Tiritaba,
era la mujer que amaba
parecíame un mal sueño,
deliraba
y en sus dos manos portaba
un mendrugo como leño
y temblaba.
¡Dios! Qué castigo tan cruel
y qué poco merecido,
la dejé
por haberme sido infiel,
mas al verla, compungido
perdoné.