María_ilu
Poeta recién llegado
La camisa blanca, recién planchada está sobre la cama, en el escritorio una foto dedicada, el ruido del televisor de fondo y él
histérico.
Mira el móvil, nadie ha llamado, su hermano se está haciendo de rogar, donde se habrá metido, le llama, no contesta.
Coge una revista, la mira por encima, se levanta y la tira encima de la mesa comienza a vestirse, se está haciendo tarde. Los calcetines ejecutivos, el traje negro, la camisa, el cinturón, la chaqueta, la corbata, el pañuelo, esta impecable, solo falta un detalle
¿Donde narices se ha metido este imbécil? Llaman al timbre de la casa, va hasta la puerta, el corazón le palpita rápido. Al fin! Le dice a su hermano, bien, ¿lo tienes todo? Su hermano asiente con la cabeza, le entrega el pedido, le desea suerte y se marcha.
Es mi hermano mayor, ya podría haberme dado algún tipo de consejo piensa mientras coge las cosas para irse. Espera, el libro, no te olvides del libro. Lo coge y sale de casa.
Se mete en el coche, parece nuevo debido a que estuvo el día anterior, trapo, jabón y esponja en mano, como preparativo, hoy tenía que ser todo perfecto.
Miró de nuevo lo que le había llevado su hermano, la rosa era perfecta, la había encargado especialmente para ella, y el anillo estaba diseñado para su mano, había invertido mucho tiempo y dinero en ese día. Se había aliado con mucha gente para que todo fuera tal y como él había pensado, en menos de una hora la recibiría en su restaurante favorito, cuando ella entrase el empezaría a tocar su canción con el piano, después la llevaría a su mesa favorita y le regalaría el libro que ella había pedido.
Quería un cumpleaños inolvidable y lo iba a tener, cuando estuviese confiada llegaría la verdadera sorpresa, se excusaría para ir a hacer una llamada y cuando volviese, allí delante de todo el mundo, rodilla en suelo, primero una rosa perfecta como ella y después la alianza. Le temblaba el pulso solo de imaginarlo.
De pronto una luz le cegó, un volantazo, gritos y después nada.
María Carvajal Alfaro
Mira el móvil, nadie ha llamado, su hermano se está haciendo de rogar, donde se habrá metido, le llama, no contesta.
Coge una revista, la mira por encima, se levanta y la tira encima de la mesa comienza a vestirse, se está haciendo tarde. Los calcetines ejecutivos, el traje negro, la camisa, el cinturón, la chaqueta, la corbata, el pañuelo, esta impecable, solo falta un detalle
¿Donde narices se ha metido este imbécil? Llaman al timbre de la casa, va hasta la puerta, el corazón le palpita rápido. Al fin! Le dice a su hermano, bien, ¿lo tienes todo? Su hermano asiente con la cabeza, le entrega el pedido, le desea suerte y se marcha.
Es mi hermano mayor, ya podría haberme dado algún tipo de consejo piensa mientras coge las cosas para irse. Espera, el libro, no te olvides del libro. Lo coge y sale de casa.
Se mete en el coche, parece nuevo debido a que estuvo el día anterior, trapo, jabón y esponja en mano, como preparativo, hoy tenía que ser todo perfecto.
Miró de nuevo lo que le había llevado su hermano, la rosa era perfecta, la había encargado especialmente para ella, y el anillo estaba diseñado para su mano, había invertido mucho tiempo y dinero en ese día. Se había aliado con mucha gente para que todo fuera tal y como él había pensado, en menos de una hora la recibiría en su restaurante favorito, cuando ella entrase el empezaría a tocar su canción con el piano, después la llevaría a su mesa favorita y le regalaría el libro que ella había pedido.
Quería un cumpleaños inolvidable y lo iba a tener, cuando estuviese confiada llegaría la verdadera sorpresa, se excusaría para ir a hacer una llamada y cuando volviese, allí delante de todo el mundo, rodilla en suelo, primero una rosa perfecta como ella y después la alianza. Le temblaba el pulso solo de imaginarlo.
De pronto una luz le cegó, un volantazo, gritos y después nada.
María Carvajal Alfaro