Alejandro Leza
Poeta recién llegado
Un caudal a los pies de dos mujeres.
A una le lava las manos heridas
y purga su pena en corrientes;
a otra le desnuda el alma sombría
en fuego y cenizas.
¡Que vasto el mundo!
¡Tan fatuo y distante!
Tan diferente.
La verdad ensangrentada,
la mentira teñida en silencio.
Una que vive impulsada
por voces que la alzan,
otra que arrastra el eco
de sus fieles cautivos.
¡Hipocresía! ¡Corrupción!
¡Paz... tan lejana! ¡Justicia... un murmullo!
Me lamento por muchos,
y envidio a unos pocos.
Qué lejos parece todo
si caminas del lado incorrecto.
Una vereda de ortigas
que se extiende por seis años...
¡Qué cruel es la espera, qué insoportable el ocaso!
A una le lava las manos heridas
y purga su pena en corrientes;
a otra le desnuda el alma sombría
en fuego y cenizas.
¡Que vasto el mundo!
¡Tan fatuo y distante!
Tan diferente.
La verdad ensangrentada,
la mentira teñida en silencio.
Una que vive impulsada
por voces que la alzan,
otra que arrastra el eco
de sus fieles cautivos.
¡Hipocresía! ¡Corrupción!
¡Paz... tan lejana! ¡Justicia... un murmullo!
Me lamento por muchos,
y envidio a unos pocos.
Qué lejos parece todo
si caminas del lado incorrecto.
Una vereda de ortigas
que se extiende por seis años...
¡Qué cruel es la espera, qué insoportable el ocaso!