Enero

María Baena

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Se ha hecho de noche en mis manos,

se escondió la luz.


Solo en las nubes queda

una pincelada roja de su recuerdo.


Mi pupila se acostumbro a captar

todos los matices de grises,

de azules de entre las sombras.


Se coló en la añoranza

mezclándose con los sentidos.


Con ello mi corazón hizo un canto

triste de tardes amplias,

de sueños cuajadas,

de contrastes para mirar.


Se recortaron las figuras en mi mente

y los troncos, de árboles antes,

avivaron la candela de mis pensamientos.


Mi alma se arrimo a su “roja boca”

esperando su aliento calido

como el calor de quien amas

te guía en la noche,

abriendo los caminos de tu cuerpo,

dibujando con su cuerpo

el tuyo en su esperanza.


La moche se hizo alba

en tus brazos,

y mi vida acotada,

guardo las alas en los recuerdos,

la ilusión en las faldas.


Cubrí la luz de la mañana

con cortinas coloreadas,

para que no sorprendieran

los surcos de mi cara.


Me hice sabia a la fuerza,

me atrinchere sobre otra muralla,

para resistir el penúltimo trecho

y seguir refugiándome en los sueños

y entre tus manos,

con la luz apagada.
 
Se ha hecho de noche en mis manos,

se escondió la luz.


Solo en las nubes queda

una pincelada roja de su recuerdo.


Mi pupila se acostumbro a captar

todos los matices de grises,

de azules de entre las sombras.


Se coló en la añoranza

mezclándose con los sentidos.


Con ello mi corazón hizo un canto

triste de tardes amplias,

de sueños cuajadas,

de contrastes para mirar.


Se recortaron las figuras en mi mente

y los troncos, de árboles antes,

avivaron la candela de mis pensamientos.


Mi alma se arrimo a su “roja boca”

esperando su aliento calido

como el calor de quien amas

te guía en la noche,

abriendo los caminos de tu cuerpo,

dibujando con su cuerpo

el tuyo en su esperanza.


La moche se hizo alba

en tus brazos,

y mi vida acotada,

guardo las alas en los recuerdos,

la ilusión en las faldas.


Cubrí la luz de la mañana

con cortinas coloreadas,

para que no sorprendieran

los surcos de mi cara.


Me hice sabia a la fuerza,

me atrinchere sobre otra muralla,

para resistir el penúltimo trecho

y seguir refugiándome en los sueños

y entre tus manos,

con la luz apagada.
Bello poema de nostalgia por la ausencia de un ser querido. Un placer leerte.
 

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