Teo Moran
Poeta fiel al portal
Te cubro en el tapiz de la memoria,
a la sonrisa alborotada de tus labios,
y te retengo en la calígine cristalina
en esta tarde fría donde los árboles
hacen presas a las aves bajo sus ramas,
en la cual, la plaza llena de ausencia,
los niños dejaron sus juegos alegres
tras sus inanimadas mascarillas,
donde los mortales beben vino a solas
tras las ventanas rotas de sus almas
y quedan a la espera de tiempos mejores,
donde los ancianos observan al mundo
tras la cortina rasgada de la impotencia,
al hambre hacerse camino despacio
en el confinamiento de los pobres.
Noto un escalofrío al verte hablar
con las amapolas rojas de mi memoria,
como tu mar se agita en el horizonte
y en la palma de nuestras manos su sal
se diluye con las primeras gotas de lluvia,
siento como se me encoge el corazón
al verte correr tras las inalcanzables olas
junto a una humanidad en decadencia,
pero prefiero que huyas alocadamente
y descubrir en el alquitrán tu huella,
en el tapiz imborrable de mi memoria,
a que te sientas presa en los latidos
de este enamorado y triste corazón.
Te descubro en la afonía del recuerdo
cautiva por los girasoles inmaduros,
en el goteo interminable de la fuente,
en el lecho silente del profundo río,
allí donde las flores son heridas por un virus
y estas mueren en completa soledad
en la habitación triste de un hospital,
a la imposibilidad de rozarte la piel
mientras te veo sonreír en mi memoria,
como te alejas tras las olas inalcanzables
y dejas tu prisión abierta de par en par,
esta tarde donde no juegan los niños
tras sus mascarillas inanimadas,
donde la humanidad bebe vino a solas
con la esperanza de días mejores,
como los ancianos caminan entre lobos
sin tiempo a resucitar de sus cenizas,
a la pobreza hacerse de nuevo camino
en los dictados más crueles del hambre.