Nat Guttlein
さん
Construimos paisajes,
y la guerra los destruyó.
Derrumbé paredes para poder encontrarte,
pero mis ojos no soportaron el brillo.
Intenté inyectarme miles de cosas para poder alucinar contigo,
pero lamentablemente ninguna sustancia tiene tu sabor.
Pincelé sobre las paredes de mi cuarto tu foto,
pero las siluetas no soportan tu magnificencia.
Desenterré tesoros para lograr comprar tu perdón,
pero el oro del mundo se quedó pobre.
Asesiné a ladrones y pecadores para ser tu héroe,
pero en el intento de ser santo de tu devoción,
se me olvidó que no te gusta el color de la sangre.
Se me olvidaron muchas cosas,
que son mandamientos número uno en el ranking de tu credo.
El Apocalipsis está programado para las cinco,
recien son las tres y el suelo bajo mis pies,
es igual de blando que una gelatina.
Tú seguramente estés en otro planeta,
yo sigo varada en el infierno.
Las aves en el cielo son libres,
y yo sigo presa de muchos pensamientos.
De muchas cosas que me alejan de todo,
de aquel que contiene tu cariño.
Pero es que ya se me olvidó también,
hasta desearte buenos días.
Los tuyos están repletos de mi ausencia.
Los pensamientos envían imágenes crudas,
que amortiguan contra mis mejillas,
las que suelo ver secas y áridas como el Sáhara.
Creo que tu Roma ardió hace mucho tiempo,
y no pude apagar el fuego,
sellarlo con un abrazo,
porque el alma se me ensancha y pesa.
Logré dejar el cigarro por octava vez,
pero creo que voy a volver a consumirlo.
Porque soy muy obstinada para el dolor,
pero demasiado indiferente ante las muestras de amor.
Nos faltaron muchísimas,
lo sé porque el reloj vacío que contaba nuestras horas,
me las suele reclamar en las madrugadas.
El cielo es un lugar bonito,
allí vive todo lo mas lindo y puro.
Te me has ido lejos y espero sonrías.
Te desearía el mal pero el papel de villana me cansó.
Te llenaría de ilusiones,
pero se me acabaron las mentiras.
Te volvería a pedir una vez más otro último beso,
pero las distancias siempre nos ganaron antes de iniciar la carrera.
y la guerra los destruyó.
Derrumbé paredes para poder encontrarte,
pero mis ojos no soportaron el brillo.
Intenté inyectarme miles de cosas para poder alucinar contigo,
pero lamentablemente ninguna sustancia tiene tu sabor.
Pincelé sobre las paredes de mi cuarto tu foto,
pero las siluetas no soportan tu magnificencia.
Desenterré tesoros para lograr comprar tu perdón,
pero el oro del mundo se quedó pobre.
Asesiné a ladrones y pecadores para ser tu héroe,
pero en el intento de ser santo de tu devoción,
se me olvidó que no te gusta el color de la sangre.
Se me olvidaron muchas cosas,
que son mandamientos número uno en el ranking de tu credo.
El Apocalipsis está programado para las cinco,
recien son las tres y el suelo bajo mis pies,
es igual de blando que una gelatina.
Tú seguramente estés en otro planeta,
yo sigo varada en el infierno.
Las aves en el cielo son libres,
y yo sigo presa de muchos pensamientos.
De muchas cosas que me alejan de todo,
de aquel que contiene tu cariño.
Pero es que ya se me olvidó también,
hasta desearte buenos días.
Los tuyos están repletos de mi ausencia.
Los pensamientos envían imágenes crudas,
que amortiguan contra mis mejillas,
las que suelo ver secas y áridas como el Sáhara.
Creo que tu Roma ardió hace mucho tiempo,
y no pude apagar el fuego,
sellarlo con un abrazo,
porque el alma se me ensancha y pesa.
Logré dejar el cigarro por octava vez,
pero creo que voy a volver a consumirlo.
Porque soy muy obstinada para el dolor,
pero demasiado indiferente ante las muestras de amor.
Nos faltaron muchísimas,
lo sé porque el reloj vacío que contaba nuestras horas,
me las suele reclamar en las madrugadas.
El cielo es un lugar bonito,
allí vive todo lo mas lindo y puro.
Te me has ido lejos y espero sonrías.
Te desearía el mal pero el papel de villana me cansó.
Te llenaría de ilusiones,
pero se me acabaron las mentiras.
Te volvería a pedir una vez más otro último beso,
pero las distancias siempre nos ganaron antes de iniciar la carrera.
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