Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Entremeses de palabras mordidas,
sabores que crujen entre dientes,
como el amor que llega en bocados,
sin preguntar, sin pedir permiso,
se mete entre los labios y el pecho,
se queda en la lengua, se va sin querer.
La cena es lenta, se sirve en silencio,
plato tras plato de esperanzas frías,
como la noche que arrastra sus sombras,
como los sueños que olvidamos al borde
del plato vacío, del beso a medias.
Nos llenamos de ausencias, de risas al vapor,
brindamos con copas de promesas rotas.
Y el postre...
es la caricia que nunca llega,
es el azúcar que se disuelve en el aire,
una miel amarga que duele en la garganta,
como esos recuerdos que endulzan y hieren,
como ese último adiós que supo a miel
pero quemó como el fuego de un silencio eterno.
Así se sirve la vida,
en entremeses, cena y postre,
y tú, sentado a la mesa del tiempo,
comes, ríes, lloras…
y nunca terminas de saciarte.
sabores que crujen entre dientes,
como el amor que llega en bocados,
sin preguntar, sin pedir permiso,
se mete entre los labios y el pecho,
se queda en la lengua, se va sin querer.
La cena es lenta, se sirve en silencio,
plato tras plato de esperanzas frías,
como la noche que arrastra sus sombras,
como los sueños que olvidamos al borde
del plato vacío, del beso a medias.
Nos llenamos de ausencias, de risas al vapor,
brindamos con copas de promesas rotas.
Y el postre...
es la caricia que nunca llega,
es el azúcar que se disuelve en el aire,
una miel amarga que duele en la garganta,
como esos recuerdos que endulzan y hieren,
como ese último adiós que supo a miel
pero quemó como el fuego de un silencio eterno.
Así se sirve la vida,
en entremeses, cena y postre,
y tú, sentado a la mesa del tiempo,
comes, ríes, lloras…
y nunca terminas de saciarte.