No debería decirlo porque sin duda
Será malinterpretado.
Pero qué putas puedo hacer
si me siento bien conmigo mismo.
Ahora estoy aquí, en mi cuarto,
Afuera la lluvia cae como bendición sobre los coches
Y la gente deambula con sus paraguas
Y sus ojitos delatan el temor, la rabia, el miedo
A la traición, el desencanto, la falta de buen amor.
Yo se que se rehúyen y no de los otros, sino de sí mismos
No aprendieron a hurgarse las entrañas
A estar solos en una habitación mascando la propia conciencia.
No digo que esa sea la solución. Pero quien habla de solucionar qué ni cómo.
Las cosas se están jodiendo unas a otras como babosas, todo el tiempo.
Nada puede durar demasiado. Hay viejas deudas que pagar.
Nadie se la llevara de arriba,
y ,por ello, hay que estar preparado para cuando eso ocurra.
Una condena es siempre un mal trago, pero es mejor si uno sabe afrontarla.
Y yo me siento bien conmigo, tengo el mal gusto de caerme genial.
Me gusta ser quien soy. Me gusta ser Miltar y no hay nada ni nadie
Que pueda arruinar esta verdad
Será malinterpretado.
Pero qué putas puedo hacer
si me siento bien conmigo mismo.
Ahora estoy aquí, en mi cuarto,
Afuera la lluvia cae como bendición sobre los coches
Y la gente deambula con sus paraguas
Y sus ojitos delatan el temor, la rabia, el miedo
A la traición, el desencanto, la falta de buen amor.
Yo se que se rehúyen y no de los otros, sino de sí mismos
No aprendieron a hurgarse las entrañas
A estar solos en una habitación mascando la propia conciencia.
No digo que esa sea la solución. Pero quien habla de solucionar qué ni cómo.
Las cosas se están jodiendo unas a otras como babosas, todo el tiempo.
Nada puede durar demasiado. Hay viejas deudas que pagar.
Nadie se la llevara de arriba,
y ,por ello, hay que estar preparado para cuando eso ocurra.
Una condena es siempre un mal trago, pero es mejor si uno sabe afrontarla.
Y yo me siento bien conmigo, tengo el mal gusto de caerme genial.
Me gusta ser quien soy. Me gusta ser Miltar y no hay nada ni nadie
Que pueda arruinar esta verdad