Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
No, no es por ti,
es por el vacío que dejaste,
por el eco hueco que suena en la casa,
por la silla vacía que ya no te espera,
por las noches que se estiran largas
como la sombra de un árbol seco
sin hojas ni raíces.
No es por ti,
es por la ausencia que camina conmigo,
por las palabras que se quedaron
colgadas en los labios,
por los abrazos que se desvanecieron
antes de nacer.
Es por la soledad que aprendió tu nombre,
por el cigarro que quema entre mis dedos
sin apuro, sin prisa,
como si supiera que ahora el tiempo
no tiene sentido,
como si cada minuto fuera solo
otro trozo de nada
masticado en silencio.
No es por ti,
es por la cama que cruje sin tu peso,
por las canciones que ya no suenan igual,
por las risas que ya no revientan
contra las paredes de esta casa vacía.
Es por el frío que dejaste al irte,
que se quedó pegado en los huesos,
y no se va,
no se va.
Esa lágrima no es por ti,
es por lo que me quedó de ti,
por la parte de mí que te llevaste,
por lo que fui cuando estabas
y ya no sé cómo ser ahora
sin esa mitad.
Es por el abandono,
sí,
ese que se clava como cuchillo,
ese que duele sin herida visible,
ese que no sangra
pero te desangra por dentro,
gota a gota,
lágrima a lágrima.
No, no es por ti…
es por lo que me dejaste al partir,
por la ausencia que pesa más
que cualquier adiós.
es por el vacío que dejaste,
por el eco hueco que suena en la casa,
por la silla vacía que ya no te espera,
por las noches que se estiran largas
como la sombra de un árbol seco
sin hojas ni raíces.
No es por ti,
es por la ausencia que camina conmigo,
por las palabras que se quedaron
colgadas en los labios,
por los abrazos que se desvanecieron
antes de nacer.
Es por la soledad que aprendió tu nombre,
por el cigarro que quema entre mis dedos
sin apuro, sin prisa,
como si supiera que ahora el tiempo
no tiene sentido,
como si cada minuto fuera solo
otro trozo de nada
masticado en silencio.
No es por ti,
es por la cama que cruje sin tu peso,
por las canciones que ya no suenan igual,
por las risas que ya no revientan
contra las paredes de esta casa vacía.
Es por el frío que dejaste al irte,
que se quedó pegado en los huesos,
y no se va,
no se va.
Esa lágrima no es por ti,
es por lo que me quedó de ti,
por la parte de mí que te llevaste,
por lo que fui cuando estabas
y ya no sé cómo ser ahora
sin esa mitad.
Es por el abandono,
sí,
ese que se clava como cuchillo,
ese que duele sin herida visible,
ese que no sangra
pero te desangra por dentro,
gota a gota,
lágrima a lágrima.
No, no es por ti…
es por lo que me dejaste al partir,
por la ausencia que pesa más
que cualquier adiós.