Escalerita de caracol

Cris Cam

Poeta adicto al portal
Escalerita de caracol

Las laderas de Buenos Aires,
derraman aceites sobre las juntas de las baldosas,
Las bocas de los hormigueros se declaran en asamblea.
Y el cielo sigue cayéndose en cuotas intangibles.


Despertarse a comtramano cuando el sol se ha ido a dormir,
enfría la piel del vampiro,
que ha olvidado
sabor,
densidad,
textura,
de la sangre de un orgasmo,
debajo de los dientes.


Le molesta la marca en la frente que lo designa de gris,
ante las marquesinas de los restaurantes, los teatros y los hoteles.


Por eso ata las alas,
para que no se sepa en que badajo ha depositado la sordera.


Cuando el sol hiere pupilas añora los párpados lejanos,
que se cerraban de entrega en la herida de los colmillos.


Pero ese campanario,
fue despedazado por los puñales del olvido,
y hay escases de carrillones.
o quizá aquellas cuerdas se enmohecieron de traiciones.


Las oraciones cuestan un poco más,
cuando sólo se oyen los tintineos,
de parcas monedas que calmen, apenas,
el hambre de hoy.
Cuando los cirios sólo se encienden
para iluminar los pasos hacia las sábanas,
oscuras por falta de pago.


Entonces sale a caminar veredas negras,
aceitadas de la esencia de los dinosaurios,
escapadas de las bocas de mamuts,
mientras lo vigilan los lobos azules,
de ojos intermitentes.


O quizá ya no.
Ya no ocupará una fosa sin nombre,
por ser joven
sino un epitafio que no será leído,
por ser viejo.


Siempre los ojos se limitan a ver las luces
que ruedan alrededor de su espacio egocéntrico,
donde la piel extraña escaleras de caracol,
hacia el centro de alguna galaxia,
y acometen vómitos de sapo,
guardados al beso de alguna princesa.
O quizá no,
quizá ya sea el tiempo del te con leche.
O quizá no, no, seguro que no,
la piel quiere morirse caliente,
antes que adormecerse de palomas,
porque la piel no eligió olvidos,
porque la piel espera
y la noche es perra.


Entonces, un crecer travesías de nocturnas lapidaciones


Y buscar ese leve e intenso resplandor de estrellas.
Que se da puntualmente, en un tiempo prefijado.
en cada fase de luna.


Donde crecen ciertos espantos de luces,
una leuca página violada de araña verde,
que será besada como la ovoide foto de una tumba,
por el simple horror de haber una boca que no será besada.


Como un mármol oscuro atravesado de un láser rubí,
la tarde inclina sus árboles al paso de zapatillas.

Que es cuando ella toca el timbre,
y él sale en castillo ajeno con una llave prestada,
custodiado por un guardia de Siberia
a franquearle el paso.


Y con una palpitación rebelde,
la mira tontamente a los ojos,
y se olvida,
al menos por un rato,
que podría ser su hija.
 
Escalerita de caracol

Las laderas de Buenos Aires,
derraman aceites sobre las juntas de las baldosas,
Las bocas de los hormigueros se declaran en asamblea.
Y el cielo sigue cayéndose en cuotas intangibles.


Despertarse a comtramano cuando el sol se ha ido a dormir,
enfría la piel del vampiro,
que ha olvidado
sabor,
densidad,
textura,
de la sangre de un orgasmo,
debajo de los dientes.


Le molesta la marca en la frente que lo designa de gris,
ante las marquesinas de los restaurantes, los teatros y los hoteles.


Por eso ata las alas,
para que no se sepa en que badajo ha depositado la sordera.


Cuando el sol hiere pupilas añora los párpados lejanos,
que se cerraban de entrega en la herida de los colmillos.


Pero ese campanario,
fue despedazado por los puñales del olvido,
y hay escases de carrillones.
o quizá aquellas cuerdas se enmohecieron de traiciones.


Las oraciones cuestan un poco más,
cuando sólo se oyen los tintineos,
de parcas monedas que calmen, apenas,
el hambre de hoy.
Cuando los cirios sólo se encienden
para iluminar los pasos hacia las sábanas,
oscuras por falta de pago.


Entonces sale a caminar veredas negras,
aceitadas de la esencia de los dinosaurios,
escapadas de las bocas de mamuts,
mientras lo vigilan los lobos azules,
de ojos intermitentes.


O quizá ya no.
Ya no ocupará una fosa sin nombre,
por ser joven
sino un epitafio que no será leído,
por ser viejo.


Siempre los ojos se limitan a ver las luces
que ruedan alrededor de su espacio egocéntrico,
donde la piel extraña escaleras de caracol,
hacia el centro de alguna galaxia,
y acometen vómitos de sapo,
guardados al beso de alguna princesa.
O quizá no,
quizá ya sea el tiempo del te con leche.
O quizá no, no, seguro que no,
la piel quiere morirse caliente,
antes que adormecerse de palomas,
porque la piel no eligió olvidos,
porque la piel espera
y la noche es perra.


Entonces, un crecer travesías de nocturnas lapidaciones


Y buscar ese leve e intenso resplandor de estrellas.
Que se da puntualmente, en un tiempo prefijado.
en cada fase de luna.


Donde crecen ciertos espantos de luces,
una leuca página violada de araña verde,
que será besada como la ovoide foto de una tumba,
por el simple horror de haber una boca que no será besada.


Como un mármol oscuro atravesado de un láser rubí,
la tarde inclina sus árboles al paso de zapatillas.

Que es cuando ella toca el timbre,
y él sale en castillo ajeno con una llave prestada,
custodiado por un guardia de Siberia
a franquearle el paso.


Y con una palpitación rebelde,
la mira tontamente a los ojos,
y se olvida,
al menos por un rato,
que podría ser su hija.
Ya no estás hecho para el día, por eso buscas entre las sombras esos conectores perdidos. Saludos cordiales, Cris.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba