Los días eran eternos, no tenía nada en mi vida que pudiera calmar lo que sentía, mis pensamientos eran absurdos y mis sentimientos patéticos. Solo quería dejar ir todo, quería gritar, gritar con todas mis ganas todo lo que escondía, pero no sería capaz. No soy la clase de chica que se expresaría con tanta facilidad. Lo único que encontré en aquel entonces fue un diario y un lápiz, y así fue como todo lo que me atormentaba fue escrito con sangre sin que nadie se enterara.