James De la rosa
Juan Carlos Tuñon
Fue del firmamento una atalaya,
la primera piedra de la gran muralla.
Traía con la sémola del viento,
peines de delicado pensamiento.
Demandan del cansancio consumido,
quehaceres de ojos hundidos,
que saben disciplinar la mente
cuando no saben pensar contracorriente.
Y al hilo que desatan los plebeyos,
adornan los diamantes de sus cuellos,
se pierden la razón y la cultura,
en fibras de hambre y amor a la basura.
Las cúspides son cielos lujuriosos,
que alcanzan los menos escrupulosos.
La oda del amante a la avaricia
que sabe reportar ,mínimas caricias.
Canción de esclavismo tecnológico
que en lo lógico se estanca estático.
Amar no es un placer que tenga tiempo
para pensar si el bienestar es alimento.
la primera piedra de la gran muralla.
Traía con la sémola del viento,
peines de delicado pensamiento.
Demandan del cansancio consumido,
quehaceres de ojos hundidos,
que saben disciplinar la mente
cuando no saben pensar contracorriente.
Y al hilo que desatan los plebeyos,
adornan los diamantes de sus cuellos,
se pierden la razón y la cultura,
en fibras de hambre y amor a la basura.
Las cúspides son cielos lujuriosos,
que alcanzan los menos escrupulosos.
La oda del amante a la avaricia
que sabe reportar ,mínimas caricias.
Canción de esclavismo tecnológico
que en lo lógico se estanca estático.
Amar no es un placer que tenga tiempo
para pensar si el bienestar es alimento.