Mery Anoardo
Poeta recién llegado
El día que deje de tener sed de vos. El día que ya no sea insaciable mirarte por horas y de a ratos encontrarnos. Que me lleves a tal punto de locura que me tenga que acordar de respirar.
El día que no sea una necesidad verte bien, y menos al lado mío. Ese día que no interese la forma o el tiempo y el camino se haga solo. Que no desespere por besarte, hacerlo y sentir que cada vez quiero más. Que todo sea simple y claro, el día que no sufra y me ría de lo explicable.
Ese día, el que asuma que fuiste una historia y no mi compañero, ese día se va a terminar. Ese día la cabeza va a estallar y una parte del alma se rajara en pedazos incontables, que no podrán unirse o curarse jamás.
Ese día va a ser completamente confuso y claro, simbolizando la ambigüedad terrible en la que vivimos, en la que nos deseamos y en la que vamos a terminar destrozados. De pie, junto a la cama que nos vio ser, que me vio inocentemente llorar hasta quedarme dormida.
Va a ser noble, porque al menos de mi parte, esto que pienso, que medito sin paciencia y que vivo es totalmente sincero. Va a ser tan sublime ese día, no se dirán adiós las miradas, esperaran ser encontradas una vez más. Una última vez, para cerrar los ojos y besarnos, y no me refiero a no abrirlos más, hablo de respetar la libertad y aceptar aunque no entendamos, que la fuerza divina de este mundo actúa en cada corazón para su bien.
En este mundo, y en los otros a las que tantas veces fuimos. Gracias, por ayudarme a crecer como persona y por mostrarme que el final más triste, es también el más bonito. Encierra su ternura y secretos devastadores a la luz de un nuevo día. Sin vos.
Tres lunas, siete dimensiones, la tierra y los sueños. Comparto parte de este viaje. Espero que no seamos líneas paralelas, ojala con vos sea todo curvo, todo borroso y hermoso a su vez.
Haces como la música, empiezas despacio hasta que el cuerpo termina moviéndose hasta involuntariamente. Haces música, en lo pequeño de hablar tonterías y ser lo que impulsa el día.
Ese día van hacer mil ojos mirando lo mismo e interpretando diferentes cosas. Unas cuantas cabezas agachadas y otras orgullosas. Ese día se va a titular Sabiduría, si a las cosas que hicimos, las hicimos bien. No en el orden impuesto, no en el tiempo que creemos correcto, sino más bien, en la humilde aceptación de nosotros mismos.
El día que no sea una necesidad verte bien, y menos al lado mío. Ese día que no interese la forma o el tiempo y el camino se haga solo. Que no desespere por besarte, hacerlo y sentir que cada vez quiero más. Que todo sea simple y claro, el día que no sufra y me ría de lo explicable.
Ese día, el que asuma que fuiste una historia y no mi compañero, ese día se va a terminar. Ese día la cabeza va a estallar y una parte del alma se rajara en pedazos incontables, que no podrán unirse o curarse jamás.
Ese día va a ser completamente confuso y claro, simbolizando la ambigüedad terrible en la que vivimos, en la que nos deseamos y en la que vamos a terminar destrozados. De pie, junto a la cama que nos vio ser, que me vio inocentemente llorar hasta quedarme dormida.
Va a ser noble, porque al menos de mi parte, esto que pienso, que medito sin paciencia y que vivo es totalmente sincero. Va a ser tan sublime ese día, no se dirán adiós las miradas, esperaran ser encontradas una vez más. Una última vez, para cerrar los ojos y besarnos, y no me refiero a no abrirlos más, hablo de respetar la libertad y aceptar aunque no entendamos, que la fuerza divina de este mundo actúa en cada corazón para su bien.
En este mundo, y en los otros a las que tantas veces fuimos. Gracias, por ayudarme a crecer como persona y por mostrarme que el final más triste, es también el más bonito. Encierra su ternura y secretos devastadores a la luz de un nuevo día. Sin vos.
Tres lunas, siete dimensiones, la tierra y los sueños. Comparto parte de este viaje. Espero que no seamos líneas paralelas, ojala con vos sea todo curvo, todo borroso y hermoso a su vez.
Haces como la música, empiezas despacio hasta que el cuerpo termina moviéndose hasta involuntariamente. Haces música, en lo pequeño de hablar tonterías y ser lo que impulsa el día.
Ese día van hacer mil ojos mirando lo mismo e interpretando diferentes cosas. Unas cuantas cabezas agachadas y otras orgullosas. Ese día se va a titular Sabiduría, si a las cosas que hicimos, las hicimos bien. No en el orden impuesto, no en el tiempo que creemos correcto, sino más bien, en la humilde aceptación de nosotros mismos.