BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ecos que tu voz calcina.
Remotas olas que tu sed
promueve, espejos erosionados
que tu amor despide, sangre
vivificante que la sangre entiende.
Una hilo dorado de bellos vacíos:
nieve de collares infinitos, inmensos
predios de nubes estelares. Fragancia
que une el bosque a su montaña,
cordillera inserta en su momentáneo
resplandor. El cóndor que la meseta
alienta, buitre o roedor, alimaña o
animal imprudente. Lienzo húmedo
que la garganta oprime, confesión
y cuello, nada. El profeta
exige sus tributos. La exención
y la burla, son tu esencia y tu sentencia.
©
Remotas olas que tu sed
promueve, espejos erosionados
que tu amor despide, sangre
vivificante que la sangre entiende.
Una hilo dorado de bellos vacíos:
nieve de collares infinitos, inmensos
predios de nubes estelares. Fragancia
que une el bosque a su montaña,
cordillera inserta en su momentáneo
resplandor. El cóndor que la meseta
alienta, buitre o roedor, alimaña o
animal imprudente. Lienzo húmedo
que la garganta oprime, confesión
y cuello, nada. El profeta
exige sus tributos. La exención
y la burla, son tu esencia y tu sentencia.
©