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Espejos dentro del espejo

Tema en 'Fantásticos, C. Ficción, terror, aventura, intriga' comenzado por sergio amigo, 19 de Septiembre de 2018. Respuestas: 19 | Visitas: 594

  1. sergio amigo

    sergio amigo Miembro del Jurado.Átomo somos o mota Miembro del Equipo Miembro del JURADO DE LA MUSA

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    Con mi equipaje ya en el suelo le recordé al cochero su compromiso de hacerme llegar las provisiones y correspondencia quincenalmente; pero no obtuve de él ni siquiera una mueca de respuesta, al igual que cuando le pregunté a qué se debía que el terreno no mostrara ningún síntoma de abandono. Se marchó, con toda su mala educación, por donde vino.

    Llegar a las puertas de la mansión Van Der Viggen, con una llave y salvoconducto firmado por la Sociedad Real de Parapsicología significó el mayor triunfo de toda mi larga y dilatada carrera de investigador. Atrás habían quedado años muy difíciles marcados por el menosprecio y las burlas de mis colegas menos apartados de las doctrinas filosóficas convencionales, de cuyas ramas paulatinamente me fui apartando. Y aunque despertaba bastante aversión en la gran mayoría de ellos; gracias a mi obsesivo y metódico trabajo me había logrado hacer de un buen nombre y de una reputación que terminó por situarme a la vanguardia en lo que a la materia de fenómenos paranormales se refiere.

    Pagué un alto precio por este soñado presente; primero, al separarme de mi dulce y, si mal no recuerdo, querida esposa; y, posteriormente, al vivenciar el evidente rechazo que mi persona producía hacia mis hijos. Sé que nunca llegué a ser lo que medianamente se esperaría de un buen prospecto de esposo y padre, porque más allá de mi interés inicial, fue mi carácter inquisidor y profundo ostracismo el que los fue relegando paulatinamente a un plano de cuasi no existencia.

    Es curioso, pero ahora lo veía como una de esas perdidas y oscuras imágenes que motivaba en mí esa imperiosa búsqueda de respuestas. A eso, finalmente, fueron reducidos: a un simple, vacuo y casi irreal retrato.

    Supongo que el hecho de que mis primeros recuerdos me remontaban al Orfelinato de Saint Francis, sin la menor reseña familiar, haya contribuido significativamente en el escaso desarrollo de mis afectos.

    Y no es que añorara su compañía, pero no pude pensar en nadie más a quién compartirle mi debutante y delirante júbilo y mi abrumadora sensación de triunfo.

    Froté el trozo de metal dentro del bolsillo de mi abrigo, como quien frota una de esas ridículas lámparas de oriente medio que contienen genios dispuestos a conceder deseos. Sentí cómo se aceleran mis palpitaciones mientras trataba de respirar muy hondo y exhalar lento para calmar mi postrera ansiedad, ya condenada a desaparecer.

    Si había algo que siempre me caracterizó fue mi frialdad, poco dada a coexistir con otro tipo de manifestación. Precisamente por eso me extrañaba aquella sensación que invadía mi cuerpo. Una sucesiva, diminuta e incontrolable andanada de olas que nacían en mi estómago y que se abrían paso hacia mis extremidades para recorrer todo el largo de mi brazo y culminar al romper contra el hierro forjado asido a mi mano, el cual giré hacia la derecha tres veces sobre sí mismo.

    En el pasado, jamás intenté formarme una idea preconcebida ni atender otro menester que no fuera proveniente de información bien documentada con relatos de primera fuente a falta de evidencia empírica; pero debo reconocer que incluso en mis sueños, a los que trataba de interpretar como verdaderas pistas premonitorias, se me aparecía esta antigua residencia ya sin la hospitalidad de ninguno de sus tantos inquilinos, pero si, con la apenas perceptible presencia de sus extraños e inquietantes moradores. Se transformó en una visión onírica recurrente, de la cual intenté extraer alguna señal.

    Sonaba excéntrico y muy poco ortodoxo en lo que recopilación de datos se refiere, pero en el pasado aquellas revelaciones, a las que yo llamé “intuición errante” me habían aportado enormes réditos. Comenzó a trabajar en ello mi subconsciente apenas fui notificado de la tarea que se me acababa de encomendar.

    Siempre intenté desentrañar los misterios y enigmas de la vida después de la vida y traté, con todos mis medios racionales, de interpretar esa suerte de mensajería proveniente del más allá. Sin ninguna base en supercherías, creencias populares, magia o cualquier otro atisbo de ignorancia promovida y fomentada por ese absurdo miedo a lo desconocido. La ciencia, tan rudimentaria en lo que a esta materia se refiere, acabaría por demostrar que cada acto de fe no pasaba más allá de ser una torpe invención para amortiguar la infranqueable barrera impuesta por la irremediable caducidad del ser.

    Pues bien, me hallaba allí, sin un equipo de apoyo ni un staff de asesores, porque había sido mi elección ser y hacer en absoluta soledad.

    A cualquier otro, estas sensaciones, muy probablemente, hubiese acabado por ahuyentarle de aquella inhóspita, desolada e impresionante arquitectura sin llegar siquiera a poner un pie dentro de ella. Pero no era mi caso y tales fueron los pensamientos que tuve mientras cerraba la puerta tras de mí.

    Lo primero que llamó mi atención fue ese inconfundible olor a encierro tan penetrante y desagradable que de manera casi refleja hizo llegar mi pañuelo hasta mis vías respiratorias. Y lo segundo, y bastante contradictorio; la extraña ausencia de polvo sobre cada uno de los muebles mayoritariamente de estilo georgiano, de caoba, con su característico tono rojizo y decorado en bronce, muy bien conservados a pesar de su desatención casi centenaria.

    Saltó a la vista el intento posterior de alguno de sus esporádicos huéspedes, seguramente motivado por el bloqueo francés, de introducir la tan aburrida tapicería blanca victoriana que no rindió frutos y que trajo, por consiguiente, ese desmejorado contraste que se hacía más patente gracias a los rayos de luz solar que provenían de los magníficos ventanales neoclásicos cuyos cortinajes se hallaban replegados. Abrí un par de ellos que se encontraban en oposición para crear ráfagas de aire puro. Hice un rápido recorrido por la planta baja y al cabo de unos minutos ascendí las escaleras con dirección a mis aposentos.

    Desfilaron delante de mí, cada seis peldaños, las figuras en óleo de todos y cada uno de los miembros de la extinta dinastía Van Der Viggen. Estaba escasamente interesado en dedicar un tiempo de contemplación para con aquellos que no fuesen los pertenecientes a la última generación; aquellos, que por cuyo trágico desenlace me encontraba allí. En pleno, el sexto conde y la condesa de Westhill y sus hijos, Karl, Rudolph y Amelie. Era notable el poco parecido entre el padre y cada uno de sus vástagos, y, por contrapartida, el enorme contraste morfológico que presentaba la figura materna que, me atrevería decir, casi ni se condice con los rasgos étnicos y porte típicamente aristocráticos. Ella, más bien, tenía un semblante de bajo perfil, que colindaba con lo exótico y misterioso.

    Me dirigí al primero de los muchos cuartos de huéspedes. Dejé mis pertenencias en el armario y mis apuntes sobre el escritorio y me dispuse a dormir, extenuado por el largo viaje. Cuando ya casi lo conseguía escuché golpes provenientes de las habitaciones superiores y algunas risas. Con un pequeño gesto, apenas similar a una sonrisa me despedí del día. Estaba en el sitio correcto.

    A la mañana siguiente me desperté algo defraudado porque ninguna escena se dignó a plasmarse durante mi descanso. Tomé mi morral, mi bloc de notas y algo de comida para comenzar mi exhaustivo recorrido.

    Fueron dieciséis habitaciones en dos alas y tres pisos, una biblioteca, sala de recreación, salón de baile, comedor y dependencias menores menos fastuosas y carentes de interés. Una vez en el exterior recorrí los amplios jardines, una pequeña laguna artificial, invernadero y espléndido mausoleo que coronaban los 150 acres de la propiedad.

    Necesitaba rodearme de ese ambiente, estar en contacto con aquellos enseres, respirar las reminiscencias de otro tiempo y proporcionarle un contexto a mis reveladores sueños.

    Y así es como pude ver la figura entre brumas de un hombre desprendiendo brillos de estrellas mientras se fragmentaba y se desmoronaba hecho mil pedazos. Poco, lo sé, pero como había sido mi costumbre, tomé nota de ello y, acto seguido, me levanté.

    El recorrido general del día anterior me había deparado dos destinos acuciosos y obligados. En el primero, y en estricto orden cronológico, ocho parejas de adultos y treinta y un menores de edad reposaban en las cuatro paredes de mármol macizo sobre las cuales se erigía una cúpula. No recuerdo otro mausoleo con una proporción tan elevada de infantes. Posiblemente alguna patología endémica arraigada en la familia y heredada era la causante de tantos precoces decesos. Pero, al menos uno alcanzaba la madurez para prolongar el apellido.

    Apellido asentado allí por ocho generaciones y que tuvo un término abrupto con el degollamiento de Hanna Erika Basildorff, sus tres pequeños retoños y posterior suicidio por ahorcamiento de Karl Heinz Van Der Viggen. Las causas nunca se pudieron esclarecer ya que en vida quedó estipulado el destino de cada uno de los restos, que no era otro sino aquel mausoleo familiar.

    Bastante desacostumbrado era unir filas y desaparecer huellas de un linaje, pero el hermetismo y los círculos cerrados entre familias prominentes lo hacían posible y eso incluía las exequias y cualquier parte médico.

    La antigua servidumbre se encargó de propagar los rumores de presuntas reuniones de índole ocultista que provocó el miedo y el rechazo de la comunidad colindante. Se avivó aún más después de la desaparición de la familia y las extrañas manifestaciones posteriores que dieron cuenta de un puñado de esporádicos residentes. Aquella reputación desincentivó incluso a los eventuales merodeadores. Ello explicaba el por qué todo seguía en el mismo lugar. Dichos fenómenos decrecieron con el paso de los años, pero no habían desaparecido del todo. Pese a mis elucubraciones, me alejé de allí con las manos vacías.

    El segundo destino, es por mucho el lugar donde se almacena la mayor cantidad de material y de secretos servidos en bandeja. El ático.

    Era un lugar amplio, sin iluminación y por el cual apenas si podía moverme dada la enorme cantidad de utensilios, artilugios y vejestorios. Llevaba un buen tramo recorrido y ya había comenzado a sentir que todo aquello era sólo una pérdida de tiempo cuando, llegando a un recodo, vi por sobre mi hombro una sombra que me inquietó. Me giré de inmediato para encontrarme, cara a cara… conmigo mismo.

    No le diría nadie que me intimidó mi propia imagen proyectada en aquel antiguo espejo. Quien haya dispuesto de él en un lugar así seguramente se imaginó una reacción como la mía. Todo el polvo que no había en la mansión parecía estar acopiado en esa área, exceptuando el que no cubría aquella superficie. Me retiré francamente defraudado ya que esperaba encontrar algún indicio. Cualquier detalle que me conectara con los hechos.

    Me despertó, con un sobresalto a mitad de la noche, otro golpe; esta vez duro y seco proveniente del ala superior derecha, estaba seguro que se trataba del cuarto del matrimonio Van Der Viggen.

    Rápidamente me incorporé, encendí unas velas de aceite de ballena y me encaminé al sitio en cuestión. Durante el breve trayecto se dejaron oír, nuevamente, las risas. Y al entrar al cuarto alcancé a ver la puerta del armario que terminaba de cerrarse. Decididamente tomé la manilla y la abrí.

    Dentro no había nada, pero pude apreciar una notoria decoloración en el fondo y un pequeño gancho en su parte superior. Algo que colgaba de allí por mucho tiempo había sido removido. Y estaba seguro que se trataba de aquel viejo espejo en el ático. Fui por él y calzó perfectamente.

    Eran las primeras dos piezas que encajaban dentro de aquel puzle demasiado incompleto. Ahora tenía la posibilidad de examinarlo con mayor detenimiento. En su parte baja, el marco presentaba abundantes manchas en tono marrón que mi pasado como investigador criminalista no dudó en reconocer que correspondían a restos de sangre. Las diferencias en las decoloraciones hablaban de la ocurrencia de hechos de la misma naturaleza, pero de muy distinta data. La base del armario no presentaba los mismos síntomas. Posiblemente hubo un tapete para contener aquellas sucesivas oleadas.

    -Muy bien- recapitulé. Los cuerpos fueron hallados en esa habitación, había un espejo con rastros de sangre dentro de un armario que tenía por costumbre emitir ruidos. Ya con las piezas juntas esperaba que se desencadenase alguna “actividad” pero no fue así.

    Aquella noche las imágenes fueron más vívidas, podía ver a niños jugando en el cuarto, entrando y saliendo del armario, escondiéndose de un adulto, que luego tomaba del cabello a una de las niñas y la postraba delante del espejo, y entonces, la asesinaba. El espejo cambiaba a la forma de una puerta…desperté sobresaltado.

    Así que de eso se trataba, los niños habían sido sacrificados en un ritual pagano, en algún ejercicio esotérico, pero, con qué finalidad. Lo único claro era que sus almas errantes vagaban aún. Y si acaso estaba frente a una entrada a otro plano, a otra dimensión que se manifestaba con previo pago de una ofrenda.

    Tal hipótesis debía sustentarse y comprobarse con un experimento. El ritual exigía tomar una vida en prenda y, por supuesto, no sería la mía.

    Tan grosero como la última vez que lo vi, con un aspecto vil que no había desmejorado y un repulsivo hálito alcohólico patrocinado, con toda seguridad, por mi cuenta, se dejó caer el cochero con los suministros en el día previamente señalado. No lo creí confiable, ni menos un hombre de palabra así que su puntualidad, pensé, tenía más que ver con la imperiosa necesidad de saciar su repugnante vicio.

    La ansiedad por deshacerme de él fue tan intensa que ni siquiera me dio tiempo para disfrutarla. Lo reduje y llevé prontamente hasta situarlo delante del espejo y sin dudarlo un instante le rebané el cuello con mi navaja.

    Nada, no sucedió nada, todo seguía igual. Hervía de la rabia producto de aquel inusitado nivel de frustración. No pude dormir los siguientes dos días, mi apetito lo había remitido directamente al infierno. Sólo podía pensar en las variables y cuál era el condenado elemento que faltaba.

    Seguían pasando las horas y no supe el momento exacto, pero vi claramente que el hombre frente a mí, era mi reflejo, auto infringiéndome una herida profunda al tiempo en se abría nuevamente el portal, y fue tan real, que desperté creyéndome muerto.

    Ya sentía los estragos de mis desatenciones, pero mi cabeza no podía dejar de pensar. Mi figura en el espejo y su sed de sangre…mi sangre. ¿Qué tenía de particular mi sangre por sobre otra? si ni siquiera tenía registro de su origen… ¿Su origen? La sangre Van Der Viggen…la san gre Van Der… Vi…




    Hice un corte en mi índice izquierdo y lo apoyé en el espejo y vi de inmediato un pequeño destello y luego una tenebrosa profundidad que desaparecieron en el momento justo en que retiré mi mano.

    Una poderosa catarsis me recorría las venas mientras bajaba las escaleras casi corriendo en dirección al mausoleo. No busqué nombres ni fechas. Pero si me concentré en los menores de edad. Perdí la cuenta del número de criptas que aleatoriamente profané, pero en todas…todas y cada una, encontraba formas decrépitas de pieles resecas como dátiles con un signo común, el corte en la yugular.

    Me quedé de rodillas tratando de controlar mi ritmo cardíaco, pero me era imposible así que antes de caer fulminado corrí hacía el carruaje.

    Dudo que ese borracho infeliz, incluso en sus más crudas jornadas, haya propinado tal nivel de castigo a las bestias, Me gané su respeto con la primera andanada de endemoniados latigazos.

    Mientras conducía en aquella noche sin Luna me parecía internarme cada vez más a un túnel siniestro y sin retorno, y entonces… lo pude ver claramente.

    La práctica de este macabro ritual era una tradición familiar y el desgraciado conde dispuso de cada uno de aquellos infantes para recién entonces descubrir que no llevaban su sangre, la inmolación de su esposa quedaba plenamente justificada y toda la escena se selló con su última y drástica determinación. La línea de sucesión directa terminaba así, pero aún latía con fuerza otra, una oculta y paralela, una sin títulos ni apellidos que supo extender su larga rama hasta nuestros días y cuyo único eslabón reconocible era este huérfano y bastardo; enajenado y frenético “investigador”

    Toda mi vida había sido un triste ensayo, un tortuoso aprendizaje que me fue preparando para aquel evento. Ahora entendía mi desmedida obsesión por lo oculto y paranormal. Mi propia sangre me susurraba un destino y ya, “en casa”, me lo gritaba. Desterré mi aire flemático apenas llegado a la tierra de mis ancestros y mis emociones brotaban como si fuesen expulsadas violentamente de mi interior por una fuerza desconocida, un hambre que jamás había experimentado. Un deseo alienado e irrefrenable de llegar al final del laberinto.

    Conduje durante dos días y sus respectivas noches y, finalmente, me hallaba en el umbral del internado para alumnos de la facultad de derecho de la Universidad de Cambridge. Un gesto de asombro y escepticismo, nada cordial, fue lo que apenas alcanzó a manifestar Manfred antes de perder el conocimiento y emprender la vuelta junto a su atribulado progenitor.

    Las bestias ya comenzaban a mostrar síntomas de fatiga y dolor por cada nuevo azote cuando ya se asomaba más adelante, para fortuna de ellas, el fin de su calvario.

    No tenía nada que compartirle a mi primogénito, así que, amordazado, lo conduje a la habitación, sin ningún recuerdo pretérito de sus primeros días, sin siquiera recordar lo que sentía por aquel niño, nada, absolutamente nada.

    Corté su cuello. La sangre salpicó el espejo y éste se abrió. Mi hijo se precipitó sobre él como una víctima ofrendada en un cadalso, La entrada estaba abierta… de inmediato vi un vórtice que giraba y se perdía a lo largo de un corredor oscuro y al final… si; si, unas siluetas que se encaminaban a hacia mi dirección.

    Mis antepasados; espantosos, nauseabundos y putrefactos salían uno por uno desde aquel otro plano. Les pregunté qué había más allá, pero ninguno respondió, ninguno parecía siquiera entender lo que yo decía. Vi venir a Manfred, pero se detuvo justo delante de mí. Me miró con un desprecio total, dio media vuelta y se perdió entre la bruma. - No, ¡No! ¡Espera! ¡Espera! - Intenté penetrar el umbral, pero me fue imposible, sólo estaba abierto para los restos de mi hijo.

    Pensé que los caballos ya no tendrían la voluntad suficiente para llevarme hasta la casa de mis hijos menores. Arrebatarlos de los brazos de su madre me pareció demasiado engorroso. Me invadió una ira incontenible. Deseaba penetrar en ese inframundo, pero también quería salir y enrostrarle al mundo entero mi hallazgo. A esas alturas, sólo un mensaje nacía de mis vísceras con dirección a mi cerebro - Piensa ¡Piensa!-

    Si un espejo había sido el catalizador, la puerta de entrada; quizás necesitaba de otro para para volver de entre los muertos. -¡Si!…¡¡¡Siii!!!- Tomé el que había en la habitación contigua, dejé caer a un costado el cuerpo que me obstruía y miré mi semblante, irreconocible, por última vez.

    Mi mano derecha se aferró al espejo que de seguro sería mi pasaporte de regreso y llevé el frío filo del acero hasta mi garganta.

    Sentí el cálido tránsito de mi sangre y vi una extraña luminiscencia antes de desplomarme.

    Abrí mis ojos y me encontraba adentro, aún con mi espejo bajo el brazo, pero roto. Y el suelo…el suelo estaba lleno… de espejos rotos.
     
    #1
    Última modificación: 17 de Febrero de 2019
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  2. Camy

    Camy Camelia Miranda

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    Me contenta sobremanera esta prosa Sergio. Introducción y descripción que nos va llevando a ese final inesperadamente terrorífico....Contando con excelentes imágenes y la narrativa para prendar al lector en todo su contexto.
    Enhorabuena....Felicitaciones!!!!
    Un abrazo grande.
    Camelia
     
    #2
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  3. sergio amigo

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    Te contenta?
    Te contenta!!!
    Se supone que te debe aterrar.
    JAjajajjaajajajajajajajajajaja
    Saludos cordiales, Camy.
     
    #3
  4. Camy

    Camy Camelia Miranda

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    Si, me contenta el trabajo realizado y lo que me procuró.
    JAjajajajajajajajajajajajajaja
    Plop!!
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    #4
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  5. Mar_

    Mar_ Mar con alma de lobezna

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  6. sergio amigo

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    Así está mejor

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    #6
  7. sergio amigo

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    #7
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  8. Luis Á. Ruiz Peradejordi

    Luis Á. Ruiz Peradejordi Poeta que considera el portal su segunda casa

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    La muerte y el esspejo. Relato que va llevando en un interés creciente hacia el final trágico. El mundo es tenebroso y la fantasía todavía más. He disfrutado con el relato. Muy interesante. Un abrazo.
     
    #8
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  9. Alonso Vicent

    Alonso Vicent Poeta veterano en el portal

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    Y se abandona todo por buscar una sensación que realmente nos llame.
    Se lee de tirón y con el buen aliciente de unas expectativas que prometen más intriga al próximo renglón.
    Te aseguro que al leerte se recorren las estancias y la historia de esta estirpe tan llena de espejos rotos.
    Genial el final, Sergio… que el que busca encuentra… su destino.

    Un saludo y encantado de saborear un buen relato.
     
    #9
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  10. sergio amigo

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    Me alegra mucho tu paso. Saludos cordiales, Luis.
     
    #10
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  11. Mar_

    Mar_ Mar con alma de lobezna

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  12. lomafresquita

    lomafresquita Poeta que no puede vivir sin el portal

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    AYYY Sergio, me he introducido en ese mundo ignoto de los sueños que se viven como pesadillas auténticas y que algunos suelen ser premonitorios y hasta nos anticipan algo que tal vez vive en nuestro subconsciente y que quiere hacerse nuevamente realidad, espejos partidos, símbolo de la mala suerte... ayyy la duda existencial, el conocimiento de lo que en realidad somos, el explorar esos otros mundos que nos den respuesta a la verdad que se esconde al final de la vida, en el umbral de la muerte.... Ayyy qué bien escribes, da gloria y es un disfrute leerte querido amigo. Mil besos llenos de admiración y cariño que tapen esos espejos rotos que tanto yuyu me dan jejeje.....muááááááácksssss....
     
    #12
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  13. sergio amigo

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    Agradezco tu comentario, Alonso. Y lameneto no haberte respondido en su momento. Un abrazo.
     
    #13
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  14. sergio amigo

    sergio amigo Miembro del Jurado.Átomo somos o mota Miembro del Equipo Miembro del JURADO DE LA MUSA

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    Cuidado Mar_
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  15. Mar_

    Mar_ Mar con alma de lobezna

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    aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaayyyyyyyyyy
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  16. sergio amigo

    sergio amigo Miembro del Jurado.Átomo somos o mota Miembro del Equipo Miembro del JURADO DE LA MUSA

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  17. Mar_

    Mar_ Mar con alma de lobezna

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  18. spring

    spring Poeta veterana en el Portal

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    Caramba, la verdad Sergio que tu prosa es maravillosa desde todo punto de vista; fluida, con excelente hilo conductor, un lenguaje selecto, las imágenes supe-mega- creativas. La narrativa en general cautiva porque si, tienes un don de escritor admirable.
    Me asuste, sí, pero no tanto tal vez por la expectativa de conocer el final que esta de alfombra roja. De todos modos ya puse a la mano el agua bendita, me colgué un rosario gigante que me regalo mi suegra y puse una cabeza de ajo debajo de la almohada:)


    ¡TE FELICITO! [​IMG]
     
    #18
  19. sergio amigo

    sergio amigo Miembro del Jurado.Átomo somos o mota Miembro del Equipo Miembro del JURADO DE LA MUSA

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    Yo siii
    Te debo otro.
    Besos y abrazos, Mar_
     
    #19
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  20. Mar_

    Mar_ Mar con alma de lobezna

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    7 de Octubre de 2012
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    otro más, así se acumula tu deuda

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    besos y abrazos, para ti, Sergio
     
    #20

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