catacoli
Poeta recién llegado
La estèril noche se abriò ante mi
con la misma violencia de una flor en botòn,
y privado de mi insìpida realidad,
un aroma de orquìdeas me embriagò la razòn.
Como niño perdido, mi mirada trataba de abrirse camino en la multitud;
en la multitud de mi soledad,
en la multitud de mis cartas que quedaròn escritas sin enviar,
en la multitud de las horas que conspiraròn tanto y tanto,
para que mi corazòn se fuera revistiendo con armadura de metal,
en la multitud de la nada con el mundo de por medio ;
su fragancia me llevò hasta ahi,
y un puente de arco iris se tendiò ante mis pies
y fui volando en nube de mariposas
y mis ojos fueròn los ojos de Diòs.
Y ahi estaba su imagèn acabando de componer la armonìa mas precisa del edèn,
reemplazando con su respirar el rocio del anochecer,
infundièndole ànima al espiritu inerte del tiempo que reposa tranquilo en la oscuridad,
revistiendo con un nuevo y extraño fulgor,
el tenue iluminar cansado de las constelaciones que han brillado desde la eternidad,
cubriendo con almibar de rosas mi paladar de plomo,
mis labios de cenizas;
se marchò despues por una puerta que encontrò al doblar la esquina de mi sueño...
cerrè mis ojos para despertar,
busquè en mi memoria el jardin de orquideas,
detras de las alas de las mariposas,
en los repliegues difuminados del prisma,
en las cartas enviadas sin destino,
en las articulaciones de la armadura metàlica que cubriò en algùn momento mi corazòn,
en los ojos de los niños,
de Dios,
en el rocio,
en la quietud del tiempo,
en la obscuridad,
en los destellos de las estrellas,
en el regusto que conserva la memoria de mi boca...
le busquè en la multitud de todo y nada
y comprendì que los sueños solo son sueños mientras uno està dormido
y que las puertas que existen dentro de ellos siempre comunican a un lugar diferente,
donde la esperanza vive un tierno romance con el azar...
con la misma violencia de una flor en botòn,
y privado de mi insìpida realidad,
un aroma de orquìdeas me embriagò la razòn.
Como niño perdido, mi mirada trataba de abrirse camino en la multitud;
en la multitud de mi soledad,
en la multitud de mis cartas que quedaròn escritas sin enviar,
en la multitud de las horas que conspiraròn tanto y tanto,
para que mi corazòn se fuera revistiendo con armadura de metal,
en la multitud de la nada con el mundo de por medio ;
su fragancia me llevò hasta ahi,
y un puente de arco iris se tendiò ante mis pies
y fui volando en nube de mariposas
y mis ojos fueròn los ojos de Diòs.
Y ahi estaba su imagèn acabando de componer la armonìa mas precisa del edèn,
reemplazando con su respirar el rocio del anochecer,
infundièndole ànima al espiritu inerte del tiempo que reposa tranquilo en la oscuridad,
revistiendo con un nuevo y extraño fulgor,
el tenue iluminar cansado de las constelaciones que han brillado desde la eternidad,
cubriendo con almibar de rosas mi paladar de plomo,
mis labios de cenizas;
se marchò despues por una puerta que encontrò al doblar la esquina de mi sueño...
cerrè mis ojos para despertar,
busquè en mi memoria el jardin de orquideas,
detras de las alas de las mariposas,
en los repliegues difuminados del prisma,
en las cartas enviadas sin destino,
en las articulaciones de la armadura metàlica que cubriò en algùn momento mi corazòn,
en los ojos de los niños,
de Dios,
en el rocio,
en la quietud del tiempo,
en la obscuridad,
en los destellos de las estrellas,
en el regusto que conserva la memoria de mi boca...
le busquè en la multitud de todo y nada
y comprendì que los sueños solo son sueños mientras uno està dormido
y que las puertas que existen dentro de ellos siempre comunican a un lugar diferente,
donde la esperanza vive un tierno romance con el azar...