Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Este oeste de los cobres
Una cuerda retorcida,
dos mecheros recargados,
un bombín que ya no tira,
los motivos apagados.
Una lágrima suspensa,
una gota descreída,
todo un mar en una ola,
es la ola siempre tensa
la corriente submarina.
Todos juntos y mentales
nadie escapa a la razón
De las lógicas vitales
sale un rojo corazón.
Descontento de seguir bajo la sombra
me pregunto si mi andar lleva a una meta,
no consigo contestar a ese dilema
y la sombra me persigue hasta la cumbre.
En la cima el hombre oscuro es un extraño
que accedió sin preguntar al fin del mundo
dónde estaba la luz clara que delinea
para verse cara a cara con los dioses.
De metal y maleable reflexiono
oxidado por el tiempo con su arena,
se desprenden los hollines de mis carnes
y mis huesos en la eclíptica son signos
que repiten sus frecuencias de salud.
Ahora enfermo como nadie
soy un hombre entre los hombres,
cuando sane seré padre,
tendré hijos con sus nombres,
y en la tumba tipológico,
el final de un logotipo
este oeste de los cobres.
Una cuerda retorcida,
dos mecheros recargados,
un bombín que ya no tira,
los motivos apagados.
Una lágrima suspensa,
una gota descreída,
todo un mar en una ola,
es la ola siempre tensa
la corriente submarina.
Todos juntos y mentales
nadie escapa a la razón
De las lógicas vitales
sale un rojo corazón.
Descontento de seguir bajo la sombra
me pregunto si mi andar lleva a una meta,
no consigo contestar a ese dilema
y la sombra me persigue hasta la cumbre.
En la cima el hombre oscuro es un extraño
que accedió sin preguntar al fin del mundo
dónde estaba la luz clara que delinea
para verse cara a cara con los dioses.
De metal y maleable reflexiono
oxidado por el tiempo con su arena,
se desprenden los hollines de mis carnes
y mis huesos en la eclíptica son signos
que repiten sus frecuencias de salud.
Ahora enfermo como nadie
soy un hombre entre los hombres,
cuando sane seré padre,
tendré hijos con sus nombres,
y en la tumba tipológico,
el final de un logotipo
este oeste de los cobres.