IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Y ella se encuentra solemne,
a campo abierto,
borboteando el néctar ennegrecido
de su sabático corazón,
ella camina desprendida de su alma,
con una melancolía
que la cubre merecida,
sin sombra seriamos viento,
sin vida solo escarmiento,
porque toda orden esconde apenada
nuestro malestar,
revelar el semblante detrás del velo de la luna,
rebelarnos contra el sol,
someter al universo,
motivo humano,
y allí se encuentra,
seduciendo a los cobardes
a que prueben un poco de su dulzura,
de sus labios de ceniza,
de su sangre carmesí
que sin tocar el suelo se desvanece,
como si nunca hubiera existido,
pero se la escucha,
en las praderas,
en las montañas,
en sus marañas,
bosques que relatan su pensamiento,
digno y desolador,
anunciando cada mañana,
ven conmigo
y perdámonos sin mesura,
en el eterno amanecer de la amargura.
a campo abierto,
borboteando el néctar ennegrecido
de su sabático corazón,
ella camina desprendida de su alma,
con una melancolía
que la cubre merecida,
sin sombra seriamos viento,
sin vida solo escarmiento,
porque toda orden esconde apenada
nuestro malestar,
revelar el semblante detrás del velo de la luna,
rebelarnos contra el sol,
someter al universo,
motivo humano,
y allí se encuentra,
seduciendo a los cobardes
a que prueben un poco de su dulzura,
de sus labios de ceniza,
de su sangre carmesí
que sin tocar el suelo se desvanece,
como si nunca hubiera existido,
pero se la escucha,
en las praderas,
en las montañas,
en sus marañas,
bosques que relatan su pensamiento,
digno y desolador,
anunciando cada mañana,
ven conmigo
y perdámonos sin mesura,
en el eterno amanecer de la amargura.