Nat Guttlein
さん
El sentimiento inexistente de no verte,
pero aún sentirte
erizar los pelos de mi nuca
hasta llegar a los pensamientos ausentes,
los que dibujo en negro sobre el papel tapiz de la pared.
Los que observo antes de dormir,
antes de que el sueño me inunde,
antes de tranformarme en el náufrago de tu adiós.
De la despedida que dejaste clavada
en un imán a la puerta de la heladera.
Si,
la que se caía a pedazos.
La que hoy se encuentra vacía,
casi tanto como yo.
Va,
al menos unas cuantas cucarachas le habitan.
Amaría de estar encantada,
que antes de tus besos de madrugada,
fueran ellas las que me habitaran a mi también.
El amanecer llueve sobre mi ventana,
sigo dejándola abierta,
es en vano luchar
contra la costumbre,
de aún,
así sean noches de invierno,
esperarte.
Así,
de par en par.
Inerte,
como me sale,
como me mata.
pero aún sentirte
erizar los pelos de mi nuca
hasta llegar a los pensamientos ausentes,
los que dibujo en negro sobre el papel tapiz de la pared.
Los que observo antes de dormir,
antes de que el sueño me inunde,
antes de tranformarme en el náufrago de tu adiós.
De la despedida que dejaste clavada
en un imán a la puerta de la heladera.
Si,
la que se caía a pedazos.
La que hoy se encuentra vacía,
casi tanto como yo.
Va,
al menos unas cuantas cucarachas le habitan.
Amaría de estar encantada,
que antes de tus besos de madrugada,
fueran ellas las que me habitaran a mi también.
El amanecer llueve sobre mi ventana,
sigo dejándola abierta,
es en vano luchar
contra la costumbre,
de aún,
así sean noches de invierno,
esperarte.
Así,
de par en par.
Inerte,
como me sale,
como me mata.